La FIFA, que tiene trono y corte en Zürich, el Comité Olímpico Internacional, que reina desde Lausana, y la empresa ISL Marketing, que en Lucerna teje sus negocios, manejan los campeonatos mundiales de fútbol y las Olimpíadas. Como se ve, las tres poderosas organizaciones tienen su sede en Suiza, un país que se ha hecho famoso por la puntería de Guillermo Tell, la precisión de sus relojes y su religiosa devoción por el secreto bancario.
Casualmente, las tres tienen un extraordinario sentido del pudor en todo lo que se refiere al dinero que pasa por sus manos y al que en sus manos queda.
La ISL Marketing posee, al menos hasta fin de siglo, los derechos exclusivos de venta de la publicidad en los estadios, los filmes y videocassetes, las insignias, banderines y mascotas de las competencias internacionales.
Este negocio pertenece a los herederos de Adolph Dassler, el fundador de la empresa Adidas, hermano y enemigo del fundador de la competidora Puma. Cuando otorgaron el monopolio de esos derechos a la familia Dassler, Havelange y Samaranch estaban ejerciendo el noble deber de la gratitud.
La empresa Adidas, la mayor fabricante de artículos deportivos en el mundo, había contribuido muy generosamente a edificarles el poder. En 1990, los Dassler vendieron Adidas al empresario francés Bernard Tapie, pero se quedaron con la ISL, que la familia sigue controlando en sociedad con la agencia publicitaria japonesa Dentsu.
El poder sobre el deporte mundial no es moco de pavo. A fines de 1994, hablando en Nueva York ante un círculo de hombres de negocios, Havelange confesó algunos números, lo que en él no es nada frecuente:
-Puedo afirmar que el movimiento financiero del fútbol en el mundo alcanza, anualmente, la suma de 225 mil millones de dólares.
Y se vanaglorió comparando esa fortuna con los 136 mil millones de dólares facturados en 1993 por la General Motors, que figura a la cabeza de las mayores corporaciones multinacionales.
En ese mismo discurso, Havelange advirtió que "el fútbol es un producto comercial que debe venderse lo más sabiamente posible", y recordó la ley primera de la sabiduría en el mundo contemporáneo:
-Hay que tener mucho cuidado con el envoltorio.
La venta de los derechos para televisión es la veta que más rinde, dentro de la pródiga mina de las competencias internacionales, y la FIFA y el Comité Olímpico Internacional reciben la parte del león de lo que paga la pantalla chica. El dinero se ha multiplicado espectacularmente desde que la tele empezó a transmitir en directo, para todos los países, los torneos mundiales.
Las Olimpíadas de Barcelona recibieron de la televisión, en 1992, seiscientas treinta veces más dinero que las Olimpíadas de Roma en 1960, cuando la transmisión sólo llegaba al ámbito nacional.
Y a la hora de decidir cuáles serán las empresas anunciantes de cada torneo, tanto Havelange y Samaranch como la familia Dassler lo tienen claro: hay que elegir a las que pagan más. La máquina que convierte toda pasión en dinero no puede darse el lujo de promover los productos más sanos y más aconsejables para la vida deportiva: lisa y llanamente se pone siempre al servicio de la mejor oferta, y sólo le interesa saber si Mastercard paga mejor o peor que Visa y si Fujifilm pone o no pone sobre la mesa más dinero que Kodak. La Coca-Cola, nutritivo elixir que no puede faltar en el cuerpo de ningún atleta, encabeza siempre la lista. Sus millonarias virtudes la ponen fuera de discusión.
En el fútbol de fin de siglo, tan pendiente del marketing y de los sponsors, nada tiene de sorprendente que algunos de los clubes más importantes de Europa sean empresas que pertenecen a otras empresas. La Juventus de Turín forma parte, como Fiat, del grupo Agnelli. El Milan integra la constelación de trescientas empresas del grupo Berlusconi. El Parma es de Parmalat. La Sampdoria, del grupo petrolero Montovani. La Fiorentina, del productor de cine Cecchi Gori. El Olympique de Marsella fue lanzado al primer plano del fútbol europeo cuando se convirtió en una de las empresas de Bernard Tapie, hasta que un escándalo de sobornos arruinó al exitoso empresario. El Paris Saint-Germain pertenece al Canal Plus de la televisión. La Peugeot, sponsor del club Sochaux, es también dueña de su estadio. La Philips es dueña del club holandés PSV de Eindhoven. Se llaman Bayer los dos clubes de la primera división alemana que la empresa financia: el Bayer Leverkusen y el Bayer Uerdingen. El inventor y dueño de las computadoras Astrad es también propietario del club británico Tottenham Hotspur, cuyas acciones se cotizan en bolsa, y el Blackburn Rover pertenece al grupo Walker. En Japón, donde el fútbol profesional tiene poco tiempo de vida, las principales empresas han fundado clubes y han contratado estrellas internacionales, a partir de la certeza de que el fútbol es un idioma universal que puede contribuir a la proyección de sus negocios en el mundo entero. La empresa eléctrica Furukawa fundó el club Nagoya Grampus, que contó en sus filas con el goleador inglés Gary Lineker. El veterano pero siempre brillante Zico jugó para el Kashima, que pertenece al grupo industrial y financiero Sumitomo. Las empresas Mazda, Mitsubishi, Nissan, Panasonic y Japan Airlines también tienen sus propios clubes de fútbol.
El club puede perder dinero, pero este detalle carece de importancia si brinda buena imagen a la constelación de negocios que integra. Por eso la propiedad no es secreta: el fútbol sirve a la publicidad de las empresas y en el mundo no existe un instrumento de mayor alcance popular para las relaciones públicas. Cuando Silvio Berlusconi compró el club Milan, que estaba en bancarrota, inició su nueva era desplegando toda la coreografía de un gran lanzamiento publicitario. Una tarde de 1987, los once jugadores del Milan descendieron lentamente en helicóptero hacia el centro del estadio, mientras en los altavoces cabalgaban las Walkirias de Wagner.
Bernard Tapie, otro especialista en su propio protagonismo, solía celebrar las victorias del Olympique con grandes fiestas, fulgurantes de fuegos artificiales y rayos láser, donde trepidaban las mejores bandas de música rock.
El fútbol, fuente de emociones populares, genera fama y poder. Los clubes que tienen cierta autonomía, y que no dependen directamente de otras empresas, están habitualmente dirigidos por opacos hombres de negocios y políticos de segunda que utilizan el fútbol como una catapulta de prestigio para lanzarse al primer plano de la popularidad. Hay, también, raros casos al revés: hombres que ponen su bien ganada fama al servicio del fútbol, como el cantante inglés Elton John, que fue presidente del Watford, el club de sus amores, o el director de cine Francisco Lombardi, que preside el Sporting Cristal de Perú.
Fuente: El Fútbol a Sol y Sombra. Eduardo Galeano. Editorial Siglo Veintiuno
martes, 2 de junio de 2015
miércoles, 14 de enero de 2015
Crónica de un terror anunciado
La prensa satírica de Francia fue objeto de la más seria tentativa de acabar con su libertad, luego de que un grupo de fundamentalistas accionara, al estilo golpe comando, sobre la sede de la Revista Charlie Hebdo, en París, matando a varios miembros de su departamento de redacción.
Sobre la avalancha de hipótesis que sobrevino después, los comentaristas hablan de “contextos” y “Estado Islámico y sus nexos”, en los informes que se oyen todos los días en los órganos de prensa audiovisuales. También se le suman, como es costumbre toda vez que ocurre un acto siniestro, si las autoridades estaban alertadas, si las alertas provenían desde el interior o era datos reservados procedentes del extranjero, que medidas de seguridad se llevarán de ahora en adelante, y si éstas irán demasiado lejos y al extremo de la tolerancia cívica...
La apertura de interrogantes intenta explorar otros aspectos, como ser si acontecimientos semejantes pueden repetirse, con que frecuencia, en qué condiciones políticas, con qué hombres políticos y al alero de que grupo fundamentalista.
Pero en una de las cuestiones en el que una minoría de expertos en las relaciones internacionales intenta poner el acento es en las actuaciones que, como país, lleva adelante Francia. Y puntualizan sobre si es la actitud de ésta la que ofende a los demás pueblos de la Tierra. Su historia, podría darnos valiosas referencias.
Examinando los hechos, este país exhibe una cara que no coincide con la figura y espíritu de un país con vocación de paz, de negociación, o de promotor influyente de la cultura. Más bien prueba la existencia de un rostro conquistador, que así lo demostró desde varios siglos antes que nosotros.
Intervinieron en: 1) la Guerra de los Siete Años (1756-1863); 2) la rebelión de los colonos de América del Norte (1776-1783); 3) la Península Itálica (1797-1801); 4) la exploración de Egipto (1799); 5) el Bloqueo Continental durante las Guerras Napoleónicas (1808-1814); 6) la conquista de Argelia (1834); 7) la guerra contra México (1839); 8) la conquista de Túnez (1841); 9) la apertura de China al comercio exterior (1841-1844); 10) la expedición al Río de la Plata (1842-1847); 11) la Guerra de Crimea (1853-1856); 12) la conquista de México (1862-1867); 13) la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871); 14) la conquista de Congo y Níger (1885); 15) la conquista de Indochina (1887); 16) la conquista de Madagascar (1896); 17) la Primera Guerra Mundial (1914-1918); 18) la Segunda Guerra Mundial (1939-1945); 19) la Guerra en Indochina (1945-1954); 20) Argelia (1958-1962); 21) Angola y Túnez (1960-1961); 22) Gabón (1964); 23) Congo (1978); 24) Chad (1979); 25) República Centroafricana (1980); 26) la segunda expedición a Gabón (1990); 27) la Guerra del Golfo (1991); 28) Ruanda (1994); 29) la segunda expedición a la República Centroafricana (1996-1997); 30) la segunda expedición al Congo (1998); 31) la segunda Guerra del Golfo (2003); 32) Costa de Marfil (2004); 33) la tercera expedición al Congo (2006); 34) Sudán (2008); 35) Libia (2011); 36) Mali (2013); 37) Irak (2014).
Ahora, como es propio de su histórica costumbre revanchista, Francia envía una expedición a Irak para dejar fuera de combate a sus nuevos enemigos. Un portaaviones, es la primera remesa de la fuerza de tarea que el gobierno francés despacha a la zona, y se estacionará en el Golfo Pérsico, al sur del país blanco de las operaciones.
La única pregunta que surge como un grito es: ¿Francia pretende hacer una demostración de fuerza? Cabe entender que nada bueno emerge de una guerra. ¿Es Medio Oriente un polígono de tiro que pretende intimidar a posibles y renovados enemigos de la élite mundial? En estos primeros días de 2015 cae la paz, nuevamente, derrotada por el veneno del militarismo promocionado por la extrema derecha.
Francia, es hoy, la prueba de lo que sucede cuando una nación guerrera es sacudida por las consecuencias de sus intervenciones a los pueblos de la Tierra. El rencor, tarde o temprano, hace política.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
Deuda: la lección jamás aprendida de Argentina
Un administrador de estancia, que podríamos apellidar Bares, acude a un banco con una recomendación de su patrón, un próspero comerciante de la región pampeana, para que la entidad le otorgue un crédito sin más garantía que sus propios ingresos, con destino a construir una casa de retiro, que cree, le permitirá vivir sus días alejado del trabajo durante la vejez hasta la muerte.
Este puede ser el argumento para una historia de un libro de cuentos, pero que para un observador actual, habituado en cosas financieras, encontraría anómalo, por decirlo menos. Esta escena era frecuente en los días en que Miguel Juárez Celman era presidente de la Nación (1886-1890). Gran parte de la emisión de deuda que se generó durante la "fiebre de opulencia", nunca se recuperó.
La desconsoladora lista de episodios que la historia argentina exhibe sobre las consecuencias que en ciertos períodos sobrevinieron a la economía, por la desbordante emisión de deuda, no pareció inquietar a las generaciones que siguieron. En muchos casos, los resultados siguieron siendo los mismos. El último incidente, tal vez por su estridencia y difusión, el más grave que estropeó la economía fue aproximadamente por los mismos motivos que en la crisis de 1890: la excesiva emisión de deuda.
Las personas avezadas en asuntos económicos suelen opinar que las deudas, en determinadas circunstancias (no en todas), pueden contribuir al crecimiento o bonanza económica. Si bien los comentaristas están divididos en las posturas, las opiniones doctas parecen ser unánimes en cuanto a estimular la emisión de deuda. Sólo un puñado de voces, muchas veces, acalladas por la mayoría, se atreven a combatir esta idea.
Contemplar los hechos de 1890 sólo desde la mirada que ofrecen los historiadores, sin desmerecer su aporte, es cómo mínimo imprudente. Los economistas no han alertado lo suficiente el fiasco que las comunidades debieron tolerar para sobrevivir a ese momento culminante. Como toda crisis, comienza a manifestarse desde los más débiles a los más fuertes. Los asalariados perdían su sustento cada día más, como consecuencia de necesitar recursos monetarios mayores para adquirir su alimento. Para 1889, la depreciación de la moneda que, de pasada, estaban emitidas por los bancos, se volvió frecuente y persistente. Ello se convirtió en repetidas protestas obreras por mejoras en sus posibilidades de vida.
Las autoridades, lejos de adoptar medidas para prevenir peligros en la economía, ignoró los problemas que desde algunos sectores intelectuales alertaban y difundían de modo creciente. La más célebre de estas manifestaciones fue escrita por Francisco Barroetaveña, para el diario La Nación, que destacaba el "desgobierno" y "régimen funesto" en el que se había degradado la conducción encabezada por Juárez Celman.
Alentar la emisión de deuda, aunque los expertos lo declaren improbable, termina mal. No es posible mantener una situación de endeudamiento generalizado, por mucho que esta idea atrape a sus supuestos beneficiarios, y se crea que rendirá frutos genuinos. La verdad, está en el camino mismo que transita el prestatario, según que pertenezca a un sector favorecido de la sociedad, o no...
Está demostrado que la gente pudiente, celebra contratos con los bancos para comprometerse en créditos que le permitirán, por ejemplo, comprar equipamiento para su industria. En cambio, para la gente menos favorecida, sus aspiraciones son más modestas: cambiar de casa, o adquirir la primera. Comprar el mobiliario, o hacer viajes recreativos.
Un segmento de sus ingresos, en ambos casos, quedan inmovilizados para un consumo futuro. Esta realidad no es calculada al momento de firmar. Tampoco se advierte las consecuencias que puede enfrentar la economía si la rueda se detiene. El ambiente atildado de un banco y el lenguaje delicado de sus agentes, crea una atmósfera encantada, propicia para caer en brazos refractarios para nuestros propios beneficios.
Como ocurrió en 2001, las operaciones de los bancos se congelaron por una orden impartida de las autoridades, que pretendían cancelar toda actividad crediticia, hasta tanto se supiera el inventario real de todo lo que había (o carecía) dentro de las instituciones de crédito vigentes hasta la fecha. Poco tiempo después, la gente tuvo la certeza de que todo su dinero se había esfumado en una verdadera pirámide financiera.
Como es costumbre, luego del escándalo financiero, sólo quedaron las palabras. Y como en el caso de Barroetaveña, también hubo quién dijo algunas cosas en claro: "Para algunos argentinos de Wall Street, su trabajo, que había sido motivo de envidia y orgullo en sus familias, empezó a volverse sospechoso. Impulsada por el alto perfil de analistas y banqueros, su cercanía con el FMI y su influencia en las políticas más impopulares del gobierno, una inesperada contracorriente de opinión sacudió a los empleados de los bancos de inversión, príncipes de los '90 súbitamente reconvertidos en cipayos vendepatria", escribía en 2007 para el diario La Nación, Iglesias Ille.
111 años no fueron suficientes para cultivar una lección que inmunizara la conciencia de cada ciudadano. Tal vez, el atractivo de adquirir mercancías u otras especies de valores posponiendo los pagos en forma fraccionada, sea mucho mayor que el carácter necesario para evitar caer en esa tentación.
La desconsoladora lista de episodios que la historia argentina exhibe sobre las consecuencias que en ciertos períodos sobrevinieron a la economía, por la desbordante emisión de deuda, no pareció inquietar a las generaciones que siguieron. En muchos casos, los resultados siguieron siendo los mismos. El último incidente, tal vez por su estridencia y difusión, el más grave que estropeó la economía fue aproximadamente por los mismos motivos que en la crisis de 1890: la excesiva emisión de deuda.
Las personas avezadas en asuntos económicos suelen opinar que las deudas, en determinadas circunstancias (no en todas), pueden contribuir al crecimiento o bonanza económica. Si bien los comentaristas están divididos en las posturas, las opiniones doctas parecen ser unánimes en cuanto a estimular la emisión de deuda. Sólo un puñado de voces, muchas veces, acalladas por la mayoría, se atreven a combatir esta idea.
Contemplar los hechos de 1890 sólo desde la mirada que ofrecen los historiadores, sin desmerecer su aporte, es cómo mínimo imprudente. Los economistas no han alertado lo suficiente el fiasco que las comunidades debieron tolerar para sobrevivir a ese momento culminante. Como toda crisis, comienza a manifestarse desde los más débiles a los más fuertes. Los asalariados perdían su sustento cada día más, como consecuencia de necesitar recursos monetarios mayores para adquirir su alimento. Para 1889, la depreciación de la moneda que, de pasada, estaban emitidas por los bancos, se volvió frecuente y persistente. Ello se convirtió en repetidas protestas obreras por mejoras en sus posibilidades de vida.
Las autoridades, lejos de adoptar medidas para prevenir peligros en la economía, ignoró los problemas que desde algunos sectores intelectuales alertaban y difundían de modo creciente. La más célebre de estas manifestaciones fue escrita por Francisco Barroetaveña, para el diario La Nación, que destacaba el "desgobierno" y "régimen funesto" en el que se había degradado la conducción encabezada por Juárez Celman.
Alentar la emisión de deuda, aunque los expertos lo declaren improbable, termina mal. No es posible mantener una situación de endeudamiento generalizado, por mucho que esta idea atrape a sus supuestos beneficiarios, y se crea que rendirá frutos genuinos. La verdad, está en el camino mismo que transita el prestatario, según que pertenezca a un sector favorecido de la sociedad, o no...
Está demostrado que la gente pudiente, celebra contratos con los bancos para comprometerse en créditos que le permitirán, por ejemplo, comprar equipamiento para su industria. En cambio, para la gente menos favorecida, sus aspiraciones son más modestas: cambiar de casa, o adquirir la primera. Comprar el mobiliario, o hacer viajes recreativos.
Un segmento de sus ingresos, en ambos casos, quedan inmovilizados para un consumo futuro. Esta realidad no es calculada al momento de firmar. Tampoco se advierte las consecuencias que puede enfrentar la economía si la rueda se detiene. El ambiente atildado de un banco y el lenguaje delicado de sus agentes, crea una atmósfera encantada, propicia para caer en brazos refractarios para nuestros propios beneficios.
Como ocurrió en 2001, las operaciones de los bancos se congelaron por una orden impartida de las autoridades, que pretendían cancelar toda actividad crediticia, hasta tanto se supiera el inventario real de todo lo que había (o carecía) dentro de las instituciones de crédito vigentes hasta la fecha. Poco tiempo después, la gente tuvo la certeza de que todo su dinero se había esfumado en una verdadera pirámide financiera.
Como es costumbre, luego del escándalo financiero, sólo quedaron las palabras. Y como en el caso de Barroetaveña, también hubo quién dijo algunas cosas en claro: "Para algunos argentinos de Wall Street, su trabajo, que había sido motivo de envidia y orgullo en sus familias, empezó a volverse sospechoso. Impulsada por el alto perfil de analistas y banqueros, su cercanía con el FMI y su influencia en las políticas más impopulares del gobierno, una inesperada contracorriente de opinión sacudió a los empleados de los bancos de inversión, príncipes de los '90 súbitamente reconvertidos en cipayos vendepatria", escribía en 2007 para el diario La Nación, Iglesias Ille.
111 años no fueron suficientes para cultivar una lección que inmunizara la conciencia de cada ciudadano. Tal vez, el atractivo de adquirir mercancías u otras especies de valores posponiendo los pagos en forma fraccionada, sea mucho mayor que el carácter necesario para evitar caer en esa tentación.
lunes, 3 de noviembre de 2014
Un plato apetitoso llamado Argentina
“Es importante que, cuando seas grande, entiendas que los
impuestos deben pagarse. Es una prueba de que eres adulto”. Con estas palabras,
mi padre me anticipó, cuando era un niño, lo que me depararía “ser adulto”.
Por estos días la Administración Federal de Ingresos Públicos
(AFIP) presentó una querella ante los Tribunales contra la compañía Procter
& Gamble de EUA. ¿Cuál fue la razón para que AFIP llevara adelante una
demanda contra una enorme corporación internacional?
La casa comercial realizaba compras en Brasil a nombre de una
filial que posee en Suiza, país reconocido por ser un importante paraíso
fiscal, para luego ingresar las partidas en Argentina, eludir los impuestos y
ganar con la diferencia de cambio entre los dos países sudamericanos.
La especulación a través de este fraude alcanzó la cifra de U$S
134 millones. Las autoridades argentinas emprendieron una investigación para
confirmar la maniobra y girar la queja al juez competente.
De forma preventiva, AFIP suspendió el CUIT (código de
identificación tributaria) de la compañía hasta que la situación se resuelva.
Evadir impuestos tiene una penalidad para la compañía y para los directivos. En
el primer caso, se prevé una multa millonaria. Y en el último caso, la conducción
de la casa comercial puede ir a la cárcel.
No es una novedad que Procter & Gamble se embarque en
procedimientos al margen de la ley. El hecho de disponer de una filial en Suiza,
marca la diferencia entre sus actividades industriales propiamente dicha y su
comportamiento especulativo subterráneo amparado en reglamentos laxos.
Europa y EUA no escaparon de sus operaciones clandestinas, y no por ello han escarmentado por las penalidades recibidas al ofender la ley en estas jurisdicciones. En otras latitudes parece no encontrarse una esperada excepción.
Europa y EUA no escaparon de sus operaciones clandestinas, y no por ello han escarmentado por las penalidades recibidas al ofender la ley en estas jurisdicciones. En otras latitudes parece no encontrarse una esperada excepción.
En los últimos años, numerosos escándalos emergieron a la
superficie de la realidad económica debido a la presencia de maniobras de
evasión de impuestos por parte de las grandes casas comerciales de mayor
prestigio en el mundo que operan en el mercado argentino.
Es evidente que la región en general, y la Argentina en particular, es un plato especial para los glotones
financieros que andan de país en país buscando la forma de evadir sus
responsabilidades y obtener ganancias. Algo que, según mi padre, no es ser adulto.
sábado, 26 de julio de 2014
EMPRÉSTITO: EL FRAUDE CONTRA LA ARGENTINA
La resolución del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de
América, que rechaza la apelación presentada por el Gobierno de la República
Argentina en dirección a que la cuestión del pago de su deuda pública quede
circunscripto en el marco de la ley, y que un tribunal inferior a aquella
estableció que entidades adquirientes de los bonos soberanos de la deuda
argentina sean incluidos como acreedores de buena fe pese a que no se acogieron
a la moratoria que creó la nueva estructura de pagos aprobada por la Argentina
y sus acreedores, abre las puertas a que esas entidades y organizaciones
financieras que compraron aquellos documentos que una vez había emitido el país
como forma de honrar sus créditos, y que a consecuencia de la caída de las
finanzas públicas en el año 2001 quedaron impagas, reciban el dinero al valor
escrito en los bonos y a sumar los intereses que prometía pagar con su compra.
Este es el último episodio de una historia oscura,
suscripta por políticos y financistas, que empujaron a la tesorería de la
Argentina al desembolso del dinero recaudado por sus habitantes para ser
volcado en favor de los intereses económicos de comisionistas adinerados que
concentran su atención en los nuevos mercados en búsqueda de oportunidades para
sus negocios.
El 1 de Julio de 1824 fue el momento culminante de una de
esas oportunidades que estaban trabajando. Y la alcanzaron en el Río de la
Plata con la ayuda de la intriga desplegada por una red de espías que fomentó
la atmósfera que convenía a los financistas.
Baring Brothers se convirtió en la primera banca extranjera
en llegar a un acuerdo con las autoridades argentinas después de consumada su
independencia política, al pactar la entrega de 1 millón de libras esterlinas.
Fundado en 1762 por Francis Baring, un holandés, la banca
inglesa tenía importantes antecedentes en operaciones a gran escala para la
gestión de activos entre naciones. La más célebre de ellas fue la “Compra de
Louisiana”, el tratado de 1803 que le permitió a los Estados Unidos de América
la adquisición de las tierras que pertenecían a Francia, por 53 millones de
francos.
Argentina era una nueva nación que tenía todo por hacer. Y
desde luego, la economía era uno de los aspectos que necesitaba estimular.
Aunque cada sector social tenía sus intereses y se había consolidado un poder
político para trazar los planes de acción que alimentara las expectativas
promisorias del pueblo, el ambiente fue envenenado por la acción de la política
exterior del Reino Unido.
El ministro de asuntos exteriores británico, George
Canning, tenía un particular interés geopolítico en hacer que Argentina sea cobijada
por el Imperio. Para ello se sirvió de un amigo de Jeremy Bentham:
Bernardino Rivadavia.
Este personaje siniestro había ocupado cargos públicos en
las primeras pruebas políticas que zanjó el peligroso camino de la
independencia del Río de la Plata. Y por ello, conocía a las personalidades que
deambulaban los pasillos de la vida pública. Este conocimiento, lo comunicaba
con recurrencia a los agentes británicos que estaban estacionados en la región,
e informaba sobre los movimientos de las autoridades, y de los individuos que
podían ser útiles para el provecho inglés.
Rivadavia contaba con un colaborador fiel: Manuel José
García. Su figura fue silenciada por los escritores de la historia oficial,
debido a que su vergonzosa diligencia no pudo presentarse como beneficiosa a
los intereses argentinos.
García fue el negociador político del Empréstito Baring
Brothers. Los “detalles” fueron arreglados por una comisión negociadora que la
banca impuso para legitimar la convención financiera. Dicha comisión fue
integrada por Félix Castro, Braulio Costa, Miguel Riglos, Guillermo Parish
Roberston, Juan Parish Roberston, y Juan Pablo Sáenz Valiente.
El empréstito, como tal, fue dividido en porciones. El 12%
se destinó como pago a los servicios prestados por la comisión negociadora. El
32% se clasificó en un paquete que incluía “servicios adelantados” y pagos
conexos a Baring Brothers. El 56% restante eran los recursos disponibles para
volcarlos en la construcción del alcantarillado de Buenos Aires, su puerto y la
fundación de pueblos fronterizos, la excusa para contraer la deuda. Sin
embargo, al país, llegó el 6,4% del crédito. El 0,2% ingresó en metálico; y el
otro 6,2% entró como documentos (letras, bonos). El 49,6% remanente quedó
retenido en Gran Bretaña. Las obras nunca se realizaron. El país pagaba un 6%
anual en concepto de intereses por los servicios de la deuda. En 1828,
Argentina ingresó en cesación de pagos y Baring Brothers se resarció con dos
barcos que se estaban construyendo en astilleros ingleses y con una sección de
la flota militar. Los años pasaron hasta llegar a una renegociación de la
deuda, en 1904. Finalmente, en 1947, Argentina saldó la totalidad del
empréstito. 123 años de un fraude financiero, que fue anticipado por la actitud
adoptada por Nathan Rothschild al retirarse de la negociación por el crédito y
allanarle el camino a Baring. La casa londinense quebró en 1995 y fue adquirida
por ING, un grupo financiero holandés.
sábado, 31 de mayo de 2014
¿Cómo ganaron la Copa del Mundo?
Desde
la última disputa de la Copa Jules Rimet, durante el 9° Certamen México ’70
hasta el 19° Campeonato Mundial en Sudáfrica 2010, existieron un conjunto de
condicionantes que fueron propiedad exclusiva de los que levantaron finalmente
la Copa más importante del deporte mundial.
Siempre existió el interés
de conocer los aspectos que escondían las escuadras nacionales de fútbol luego
de levantar la Copa del Mundo. El paso del tiempo dejaba ver lo que les aseguró
el triunfo. Algunos medios de prensa, y periodistas senior, recuerdan la
particularidad que la escuadra brasileña había expresado como nota innovadora
al involucrar en el trabajo profesional a un psicólogo, llamado Joao de
Carvalhe, cuando ese equipo se hizo por primera vez con la Copa Jules Rimet,
durante el certamen celebrado en Suecia, 1958. O más recientemente, como
influyó en la escuadra española las pruebas experimentadas con un boxeador para
mejorar los aspectos aeróbicos en las sesiones de entrenamiento. Pero, hay algo
más.
Durante los últimos cuarenta
años, el fútbol sufrió una crisis de crecimiento que obligaba a comenzar todo
de nuevo después de cada campeonato mundial. Las idas y vueltas tenían la
intervención de los dueños del dinero que frenaban sospechosamente algunas
decisiones de reforma por parte de la cúpula de la FIFA. Entre 1970 y 2010,
tres decisiones trascendentales actualizaron el reglamento como contestación a
esa ansiedad en los medios futbolísticos y en la opinión pública.
En el duelo de las escuadras
futbolísticas de 1970, se introdujo, por primera vez, la transparencia en las
penalidades disciplinarias para los jugadores que se apartaban y transgredían
el reglamento. Finalizado el campeonato disputado en la península itálica, la
FIFA aprobó la prohibición de que los guardametas tomaran la pelota con la mano
si recibían el servicio con el pie deliberadamente de parte de un compañero. Y
en la última competencia del siglo pasado, se modificó el fuera de juego.
Más allá de las expectativas
de coyuntura que despierta una rectificación propuesta por el organismo madre
del fútbol mundial, los invito a sumergirnos en el cariz de la religión que no
tiene ateos, como dice Eduardo Galeano, para abrirnos a una dimensión que puede
ser medida.
La
esperanza, en siete factores
“Muchas menos oportunidades
de victoria tendrá aquel que no realiza cálculos en absoluto”, nos advierte
como lección El Arte de la Guerra, de Sun Tzu. Un primer vistazo nos alienta a
creer que nada es fruto de la casualidad, palabra que, para mí, está incluido
en el diccionario con el fin de explicar lo inexplicable. En el presente,
podemos observar en retrospectiva lo que significó tomar en serio cada paso,
cada iniciativa, cada persona.
Para el entrenador campeón
del mundo, cada figura, materialidad y matiz, cuenta. No sorprende, entonces, que
cuando se examina a los ganadores en búsqueda de una explicación racional, el
hallazgo de notas especialmente curiosas, emergen a la superficie:
1.
Factor Ambiente. La sola presencia de la
competencia, obliga a los equipos a poner a prueba toda su capacidad de
imaginación, y a consultar a otros protagonistas del oficio, la estrategia que
pueda adaptarse a la velocidad de modernización que expone el escenario del
fútbol, poniéndose un paso adelante de sus rivales.
2.
Factor Humano. No hay margen para solicitar
nada menos que la más alta calidad técnica de un futbolista, con credenciales
de amor por el juego, de solidaridad por el equipo y de adaptación al ambiente
y condiciones, cuidado de la salud por el otro, y con un buen compañerismo
capaz de reunirse con el conjunto y ser todos como un solo individuo.
3.
Factor Técnico. La elaboración del juego, su
volumen y calidad, es atribución de los miembros del cuerpo de entrenadores,
que deben brindarles herramientas tácticas a sus dirigidos, trazando acciones
innovadoras defensivas y de ataque que consiga sobrepasar a sus contrincantes.
4.
Factor Nacional. Este puede convertirse en el
elemento que despierta mayor controversia pero lo cierto es que las escuadras
ganadoras involucraban a las 3/4 partes de futbolistas que desempeñaban la
actividad en sus ligas nacionales, lo que revela que la complicidad de juego entre sus integrantes no es patrimonio de la diáspora.
5.
Factor Economía de Fuerza. La planificación
de los encuentros se prueban en los entrenamientos con el objeto de ejecutar
las acciones de menor a mayor, durante su desarrollo, y respetando este principio
de un partido a otro, calibrando los tiempos sin puntos que puedan traer
problemas o imprevistos.
6.
Factor Sorpresa. Esta causa, se convierte en
un coeficiente puesto que la combinación de los anteriores factores y el presente,
consigue como resultado operaciones que no estaban en los cálculos de sus rivales,
haciendo problemática su supervivencia en el juego y contribuyendo a una crisis
difícil de superar.
7.
Factor Perseverancia. La fortaleza de
espíritu y de carácter no puede ser tomado con superficialidad, toda vez que es
la reserva moral de un conjunto deportivo, necesario para reponerse de un traspié,
de una crisis, o de la carencia de ideas que pueden darse en un pasaje del
encuentro, o de sostener un resultado donde no sobra nada.
La exposición de estos factores,
que podemos llamar de victoria, no puede inducir al lector a suponer que no existan
otros. O que ganar una Copa del Mundo es cosa de científicos. Todo lo
contrario: la idea es proponer a todos una explicación, un elemento que nos haga conocer el componente que inunda el pensamiento
de la mente ganadora. Es, incluso, una lección que puede
servirnos como personas, en la organización de nuestras tareas comunes de todos
los días. Imaginen, por un momento, que sería del fútbol si no existiera un
modo de entender el éxito de los campeones. Simplemente, son seres humanos,
individuos no salidos de un OVNI, o como se dijo alguna vez, devenidos en un “barrilete
cósmico”.
El fútbol, pese a que una
parte de la opinión pública crea que es una religión con divinidades, como lo
describió con maestría la pluma de Galeano, es una actividad humana. Una de las
tantas actividades desempeñadas por gente de carne y hueso, que es especial por
un factor no divulgado antes en estas líneas: ser el recreo y diversión, de
ricos y pobres por igual...
domingo, 20 de abril de 2014
Confluencia Furtiva
Existen
personas que por problemas en la economía deben emigrar de una zona a otra del
planeta. Ese es el caso de María Salinas, una joven que debió marcharse para
encontrar la fortuna que su patria le impugnaba. Con sus 21 años, emprendió su
traslado desde América del Sur y encontró un empleo, a comienzos de la
primavera en el hemisferio norte, como criada en la casa de Bill War, un
gerente de filial de una importante firma aeronáutica de la ciudad de San
Diego, en EUA.
Es el primer
día de julio, y el verano aprieta el termómetro. El dueño de casa se ausentará
durante dos semanas por un viaje auspiciado por la compañía. María le lleva el
equipaje hasta la puerta porque el taxi solicitado ya estaba esperando. Su jefe
le pide al taxista que espere. Sin rodeos, María intenta saber:
—¿Algún
problema?, señor.
—Ningún
problema —contesta—. Espero a mi amigo que se quedará contigo.
—No sabía
que iba a tener compañía —responde asombrada.
—¿Creíste
que te dejaría sola?. —Pensándolo bien, tiene razón.
—El
imaginario de todo empleado es trabajar sin tutela. Ese es su mundo ideal. Y no
te culpo: alguna vez lo creí así.
—Pero hoy es
jefe. —Y también empleado, sólo que tengo una mayor responsabilidad y mucho de qué
preocuparme.
En ese
momento, estaciona un automóvil frente a la casa y detrás del taxi. Es John
Round, su amigo.
—Perdón por
la espera —le dice, mientras baja del automóvil y junta las manos en señal de
súplica.
—Por un
momento creí que te olvidaste. —Eso nunca.
—Aquí tienes
mis instrucciones que quiero que veas —mientras le entrega un papel plegado por
la mitad.
—¿Cuándo regresarás?
—Todavía no me fui ¿Y ya me extrañas?.
—Es que no
tendré a mi confesor por un tiempo —responde riendo.
De punta en
blanco, Bill se despide de su criada. Sube al taxi que lo llevará al aeropuerto
y, antes de emprender el viaje, les recomienda a John:
—No olvides
de avisarme de todo lo que ocurra.
—Lo haré —contestó,
mientras levanta su mano derecha para despedirse. —Adiós, señor —se despide
María.
María y John
miran como el taxi se pierde en el horizonte e ingresan a la casa.
Es la
primera vez que la criada estará sin su jefe desde que se instaló para
trabajar. De modo que espera días de tranquilidad. Lo mismo piensa el casero
provisional: él tiene su propia ocupación. Pequeño propietario de una tienda de
artículos deportivos, de caza y pesca en la calle del apostadero de la Armada, no
pretende que la tarea que le asignó su amigo lo distraiga de sus negocios.
—¿Qué
trabajos haces? —pregunta John, mirando el papel con instrucciones.
—Mantener
limpia la casa y avisar todo cuanto pase.
—¿Sólo eso?.
—Sólo eso. Es lo que me pide. Le basta con que haga eso. De hecho, tengo que
inventar para no aburrirme en la mañana. Por
suerte, mi jefe tiene aparatos de gimnasia, y eso me distrae.
—Eres
afortunada. Bill es tolerante. —Lo soy, no me puedo quejar.
—Desde que somos
amigos, nunca me enteré que sus empleados tengan problemas. No es déspota, y
eso es la clave de su éxito, en todo. Es generoso. Y tienes la evidencia de lo
que digo —afirma, con una sonrisa.
—Así es —y
con gesto de duda, pregunta—. ¿Qué harás ahora?.
—Puedo
quedarme todo el tiempo que desee. Claro que soy una persona ocupada y tengo
mis negocios pero puedo operar desde aquí. Tengo dos dependientes en mi tienda
que son eficientes.
—Disculpa la
pregunta. ¿Puedo preguntarte por tu familia?.
—Soy
soltero. No tengo familia propia. —Oh, ya veo —entiende, con una sonrisa que
crece.
Ambos se
quedan mirando, pensativos. Ella hace un gesto, como si tuviera algo pendiente.
—Voy a la
sala donde están las máquinas. ¿Quieres ver?. —Vamos.
Se dirigen a
una sala donde hay tres máquinas: una bicicleta fija; una cinta de atleta; y
una de complementos.
—¿Las has
probado? —interroga María. —No. Habrás notado que desde que estás aquí no he
venido nunca. Eso es así porque no tengo tiempo. La última vez que vine fue en
la navidad. Pero, suelo ir al gimnasio una vez a la semana. Me vendría bien más
tiempo disponible. Pero creo que hoy me pondré a hacer un poco de ejercicios —dice
riendo.
—Ahí vengo —contesta
ella—. Y se retira de la sala.
John se sube
a la cinta. Lo entusiasma la idea de tener dos semanas en la que podrá
ejercitarse gratis. Unos minutos después, regresa María. Vuelve con
indumentaria apropiada. Se muestra experimentada en la cuestión. Y elige ejercitarse
en la bicicleta fija.
Es en ese
momento en el que John la mira detenidamente y advierte lo agraciada que es en lo
corporal. Por ahora, se concentra en su cinta y camina moderadamente. Una hora
más tarde, los dos coinciden en dejar las máquinas. Se trasladan a la cocina. La
criada invita con un vaso de jugo como refrigerio.
—Antes del
mediodía me voy a trabajar —interrumpe María.
—¿Tienes
otro empleo?. —Trabajo en un gimnasio. Me desempeño como empleada de limpieza
del vestuario de mujeres. Mi hora de entrada es al mediodía. Tengo tiempo de prepararme.
Son las nueve en punto de la mañana. Así que aprovecharé la piscina.
Los dos se
sientan a la mesa y John le presenta una pregunta para María, que la toma un
tanto de sorpresa.
—¿De dónde
eres?. —No soy de este país —contesta cabizbaja.
—Por un
momento creí que lo eras. —Sí, pero no lo soy. Emigré porque las cosas se
pusieron difíciles.
—Hablas bien
el idioma. —Gracias —sonríe María.
—¿Y cuándo
llegaste?. —En marzo. Al tercer día, conocí a mi jefe y le pedí trabajo. Y acá
estoy.
—¿Y lo del
gimnasio? —Lo conseguí al mes de estar aquí.
—Tienes
suerte. —No lo sé. Debe ser mi forma de ser.
—Me dijiste
que de dónde vienes las cosas se pusieron difíciles. ¿Por qué?. —Por la
economía.
—Nosotros no
tenemos nada seguro aquí. —Pero puedes tener un proyecto de vida. Se gana bien...
—¿A qué te
dedicabas?. —¿Allá?.
—Sí, de dónde
vienes. —Cuidaba una niña. Sus padres trabajaban y yo quedaba a su cuidado. El
fin de semana tenía libre y podía repartir invitaciones para un club nocturno,
como segundo empleo. Dentro de todo, no me podía quejar.
—¿Y por qué
emigraste?. —Por lo que te dije: aquí tienes un proyecto de vida y ganas bien.
Y con esfuerzo, obtienes logros. Allá la paga es mala y las tareas son
múltiples. Haces de todo un poco. No tienes posibilidad de tener un proyecto
personal. Es improvisación, todo.
—Eso fue lo
que te empujó a emigrar. —Te empuja a emigrar esa incertidumbre. No hay nada
seguro. Mucho menos esos empleos. En cualquier momento pueden decirte que no te
necesitan más y terminas en la calle —le dice, resignada.
—Realmente,
veo todo —entiende John.
Mientras
María mira su vaso de jugo, él aprovecha el ínterin en la conversación para
mirarla. Ella tiene la figura de esas que le hacen perder hasta la camisa a
quienquiera que la mire. Él le sonríe, porque recordar su patria la puso melancólica.
—Te va bien.
No tienes de que preocuparte —la anima John—.
—Eso espero —sonríe
ella.
—Creo que me
voy a dar un chapuzón —asegura John.
—Bien,
después lo haré yo.
—¿Por qué?.
Puedes nadar estando yo. Después tienes que ir a trabajar y no tendrás tiempo. —¿No
hay problema?.
—Ningún
problema. Sabes lo que tienes que hacer, no necesitas de mí. —Gracias. Bien, me
cambio e iré a nadar.
—Antes de
que te vayas a cambiar, quiero un favor. —Lo que necesite, señor.
—Llámame
John. Necesito que veas si Bill tiene ropa de baño aquí porque no tengo ahora. —Enseguida,
John.
Ella
regresa, luego, con el encargo. Y le muestra lo que encontró en el ropero. Dos
prendas de baño.
—¿Cuál te
gusta? —pregunta él.
—Me gustan
los colores claros, así que este celeste es el que elijo.
—Bien, me
pondré el que te gusta.
John ingresa
a la piscina y se da una primera inmersión. Cinco minutos después, María
aparece con una bata de baño. John está ansioso de verla en ropa de baño. La
vista previa en la sala donde están estacionadas las máquinas de gimnasia lo
estimula a imaginar. Cuando la criada de quita su cubierta y deja ver su
cuerpo, John cree ingresar en una escena de cine paradisíaca. Sus 92-60-92
lentamente entran a la piscina y la contempla sin disimulo.
Ahora que
confirmó que su imaginación no fue defraudada, cree indispensable acrecentar el
acervo interpersonal. Y ensaya:
—Cuidar una
niña es más difícil que cuidar una casa. ¿No lo crees? —sugiere.
—Sí. Lo creo.
Pero hay algo más...
—¿Qué?. —Voy
a contarte una historia: un día coincidí en la parada del autobús con una chica
que trabajaba a dos casas de distancia en la que yo me desempeñaba como niñera.
Era la hora de la vuelta. Conversamos sobre nuestros respectivos trabajos y
cuando llegamos a la estación de trenes, me confesó que quería conseguir otro
empleo. Que ya no quería estar más allí. Al principio no la interrogué sobre el
porqué. Pero luego entendí que no era una cuestión de dinero la causa de su
intento de salirse de esa casa.
—¿Qué era?. —Su
jefe.
—¿Había
algún problema?. —Sí. La acosaba.
—¿Cómo?. —interrumpe,
consternado, John.
—De donde vengo,
pasan estas cosas, todos los días. Es más probable que tu jefe quiera que te
instales en su casa, a que tengas la posibilidad de regresar todos los días a
tu hogar. A veces creo que es una cuestión de control. No lo tengo claro. Pero sí
que es algo frecuente.
—Pero eso,
no está bien. —En todos lados, no es lo mismo. Esta es “la” realidad. Y hay que
aceptarla. No olvides que no abundan alternativas. Pero aquí es diferente.
—¿En qué?. —En
que no tengo control. Es más: aquí decido todo sobre la casa. Mi jefe aprueba.
Allá no te permiten tener amistades que puedan interferir con tu trabajo. Son
estrictos en eso. Además, como tienes pocas cosas para hacer, es mil veces más
probable que no te quieran aumentar la paga. Sólo te piden que cumplas con lo
asignado... Y cumplir, también tiene su lado oscuro...
—¿A qué te
refieres?. —Bueno... digamos que de dónde vengo existen las relaciones entre el
jefe y la criada.
—¿Es en
serio? —pregunta asombrado.
—Tan cierto
como que el agua es agua —afirma ella.
—¿Y eso no
trae problemas?. ¿No hay pleitos?. —Nunca me enteré de alguno —contesta María —.
Y dudo de que si hay denuncia, se llegue a alguna parte...
—¿Te paso
estar en esa situación?. —No. Por suerte, no.
—Bueno, me
reconforta saber que no tuviste una situación así. Y lamento mucho que ocurran esas cosas. —En el mundo hay muchas historias —asegura María mientras menea su
cabeza en señal afirmativamente.
—Hay cosas
que uno no entiende. —Es posible. De igual modo, puedo decirte que estaba
preparada para afrontar una circunstancia así.
Estas
palabras últimas lo confunden y la mira contrariado. No logra entender que es
estar preparado para una situación así. Y ella vuelve a hablar, intentando
aclarar:
—Quiero
decir que cuando llegué a este país, no sabía con lo que me iba a encontrar. Si
hubiera tenido que mantener relaciones con mi jefe, lo hubiese aceptado como un
servicio más del que ocuparme. No hubiera tenido un no como respuesta. Además,
¿dónde iría?.
—¿Estás
hablando en serio?. —Estoy hablando en
serio.
—Si Bill
quisiera, ¿podría acostarse contigo?. —Sí. Y si tú quieres, también puedes
tenerme a tu conveniencia. ¿Qué opinas?.
John la
queda mirando. Y ella vuelve a la carga:
—¿Crees que
podrás? —le pregunta ella, mientras le muestra sus pezones desvestidos por
sobre el agua.
—¿Crees que
podremos? —le insiste ella, al mismo tiempo que le muestra por sobre el agua su
bajo vientre desarropado.
Él se anima
tímidamente a acercarse, con cada vez menos inhibición. Y se anima a consentir
con la cabeza la requisitoria.
—Hace tres
meses que no estuve con nadie —le dice María.
Ella se
sienta en el borde menos profundo de la piscina y lo invita:
—¿Por dónde
quieres empezar?.
Y ambos se
convierten en una simbiosis de deleite...
lunes, 10 de marzo de 2014
Violencia, nunca más en América Latina
En el libro "Los Vencedores Vencidos", de María Estela Spinelli, existe un pasaje en el que se describe como los partidarios del derrocamiento de Perón amenazaban a sus enemigos para que no protegieran al gobierno. Hoy, ese mismo espíritu, se replica en otras latitudes, con el pretexto de que todo lo obrado y lo que se obrará será por la libertad, y contra la dictadura. Nunca quién amenaza desea el bien para su destinatario. Es más bien el anticipo de una porción de lo que realmente le sucederá si obtiene la oportunidad de aplicar lo que le manifiesta, con violencia, en palabras. Quién amenaza, merece nuestro rechazo. Es necesario que así se haga. Quién acepta la violencia, aceptas sus consecuencias, sean estas a su favor o sean estas como respuesta de su "piedra lanzada". Venezuela, es hoy, la muestra de como existen individuos que, con un completo desprecio por la convivencia, dan lugar a la muerte de sus semejantes. Nunca olviden que en la Argentina sucedió un 1955. Y que eso, se repitió en 1976. En ambos casos, las libertades individuales y el Estado de Derecho se convirtieron en utopías para la juventud, para los ancianos y para los pobres. Debemos entender que nuestras acciones tienen consecuencias, y no es sólo desde lo conceptual y moral. Tienen consecuencias palpables, en presencias y ausencias, muchas de ellas, dolorosas. Nuestro deber como generación es no repetir los errores del pasado, abrazar los aciertos y asumir como propio los asuntos de nuestras comunidades, tanto desde lo cultural e histórico, como desde lo social. Y con la democracia como elemento de convivencia. Debemos tener cuidado en nuestros mensajes, jamás tolerar el mal hacia nuestros semejantes, cualquiera sea su origen o su destino, sean estas explícitas o sean estas veladas.
sábado, 8 de febrero de 2014
La energía de los hombres pacíficos
El ciudadano de a pie suele creer que la inflación es un impuesto. Un hecho que impone condiciones y que, en definitiva, solo los más inteligentes pueden salir airosos.
Esto es lo que la generación anterior creyó. Y lo hizo sin colocar en perspectiva y a la luz de las enseñanzas que la historia de la Argentina expone, sin filtraciones ideológicas, los elementos nacidos con esas circunstancias extremas.
La economía, por pequeña que sea, es un conjunto y a la vez, es un individuo. Es un conjunto porque tiene miembros. Miembros que despliegan una actividad, grande o pequeña, para el florecimiento de ese conjunto. Y también, porque ese conjunto es preparado como un individuo. Un individuo que debe estar listo para funcionar como propiamente dicho, con cada parte que lo sustenta, y lo más completo como sea posible.
Es evidente que en los quince años relativos de hiperinflación, que van desde 1975 hasta 1990, el ciudadano que experimentó ese período lleve en el ADN los procedimientos de la autodefensa contra ese fenómeno.
Los años han pasado, y si se hecha la mirada hacia atrás comenzaremos por observar los cabos sueltos del fenómeno hiperinflacionario. Por una parte, los actores. Y por otra parte, las circunstancias históricas y la coyuntura que, como una reacción en cadena, formaron fila para colocar, ladrillo a ladrillo, los efectos más negativos de este fenómeno.
La instancia culminante de la hiperinflación se produjo entre el 15 de mayo y el 11 de agosto de 1989. En ese momento, la inflación crecía como el fuego alimentado por el petróleo.
El primer indicio de que algo andaba mal se conoció en febrero de 1987 cuando el pool cerealero comenzó una campaña de boicot al despliegue de la actividad contrainflacionaria del Estado. Desde ese momento y por el resto del año, la inflación promedio fue de un 14% mensual.
Este grupo agroindustrial quería negociar la política de la administración Alfonsín para encaminarla a sus propios intereses sectoriales. Sus tácticas incluyeron crear una atmósfera desfavorable para el avance de las aspiraciones de la ciudadanía.
Entonces, esta situación engendró un problema a resolver por el gobierno de turno. Y como el problema se volvió persistente, gracias a la acción coordinada, se convirtió en la carta mayor que presentaba el grupo de presión para alcanzar su meta y negociar, o mejor dicho, introducir cambios beneficiosos para sus miembros.
La conexión entre los miembros de un grupo de presión se convierte en un arma, que será lo suficientemente potente si su calidad y cantidad consigue ser uniforme en sus intenciones, en sus competencias y estructuras. Y también, será un arma inmune si sobrepasa en cuanto a calidad y cantidad de su oponente, en este caso el Estado, si este no contrarresta su fuerza desplegada.
Y es aquí donde la enseñanza se vuelve lección: el propio gobierno no tuvo otra alternativa que poner paños fríos a la realidad inflacionaria. Porque, como dijo en su momento, no tenía ningún flanco cubierto, es decir, no contaba con estructuras que le permitiera poseer una zona de inmunidad que lo resguardara de esta acción deliberada de los pesos pesados de la especulación.
En los años que vinieron, y luego de 1995 aproximadamente, comenzó a conocerse la verdadera historia, el testimonio del boicot de los dueños del dinero en la Argentina contra el gobierno del pueblo.
Comenzaron a salir a la luz, los sonados casos de corrupción que habían alimentado a la opinión pública, convenientemente entretenida con estos asuntos, por los medios de comunicación confabulados y que, luego de un exhaustivo estudio de los sucesos, no podían ser sustentados con hechos porque nunca habían existido.
Una guerra es una guerra. Los bandos nunca pelean solos. Necesitan de aliados, necesitan de alimento. Y necesitan de héroes y peleles. Y el pueblo, sin duda, encontró en esta amarga experiencia, la lección de lo que es gobernar en Argentina.
El enemigo, está dentro de las fronteras. Y cuando el peligro acecha, es necesario despojarse de toda individualidad, porque el enemigo es poderoso, no porque tenga más armas o de mejor calidad, sino porque su actitud es impetuosa. No deja nada en pie, así como un río lo hace cuando desborda su cauce.
Esa misma actitud es la que nos debe infundir de espíritu para afrontar las etapas más angustiosas. Y es, el camino más dificultoso que se puede transitar, a la vez que es el que más ejercita la resistencia de los hombres de bien, y que todos debemos comenzar a caminar pacientemente: la resistencia contra el abuso de los poderosos dirigido a los gobiernos democráticos.
Esto es lo que la generación anterior creyó. Y lo hizo sin colocar en perspectiva y a la luz de las enseñanzas que la historia de la Argentina expone, sin filtraciones ideológicas, los elementos nacidos con esas circunstancias extremas.
La economía, por pequeña que sea, es un conjunto y a la vez, es un individuo. Es un conjunto porque tiene miembros. Miembros que despliegan una actividad, grande o pequeña, para el florecimiento de ese conjunto. Y también, porque ese conjunto es preparado como un individuo. Un individuo que debe estar listo para funcionar como propiamente dicho, con cada parte que lo sustenta, y lo más completo como sea posible.
Es evidente que en los quince años relativos de hiperinflación, que van desde 1975 hasta 1990, el ciudadano que experimentó ese período lleve en el ADN los procedimientos de la autodefensa contra ese fenómeno.
Los años han pasado, y si se hecha la mirada hacia atrás comenzaremos por observar los cabos sueltos del fenómeno hiperinflacionario. Por una parte, los actores. Y por otra parte, las circunstancias históricas y la coyuntura que, como una reacción en cadena, formaron fila para colocar, ladrillo a ladrillo, los efectos más negativos de este fenómeno.
La instancia culminante de la hiperinflación se produjo entre el 15 de mayo y el 11 de agosto de 1989. En ese momento, la inflación crecía como el fuego alimentado por el petróleo.
El primer indicio de que algo andaba mal se conoció en febrero de 1987 cuando el pool cerealero comenzó una campaña de boicot al despliegue de la actividad contrainflacionaria del Estado. Desde ese momento y por el resto del año, la inflación promedio fue de un 14% mensual.
Este grupo agroindustrial quería negociar la política de la administración Alfonsín para encaminarla a sus propios intereses sectoriales. Sus tácticas incluyeron crear una atmósfera desfavorable para el avance de las aspiraciones de la ciudadanía.
Entonces, esta situación engendró un problema a resolver por el gobierno de turno. Y como el problema se volvió persistente, gracias a la acción coordinada, se convirtió en la carta mayor que presentaba el grupo de presión para alcanzar su meta y negociar, o mejor dicho, introducir cambios beneficiosos para sus miembros.
La conexión entre los miembros de un grupo de presión se convierte en un arma, que será lo suficientemente potente si su calidad y cantidad consigue ser uniforme en sus intenciones, en sus competencias y estructuras. Y también, será un arma inmune si sobrepasa en cuanto a calidad y cantidad de su oponente, en este caso el Estado, si este no contrarresta su fuerza desplegada.
Y es aquí donde la enseñanza se vuelve lección: el propio gobierno no tuvo otra alternativa que poner paños fríos a la realidad inflacionaria. Porque, como dijo en su momento, no tenía ningún flanco cubierto, es decir, no contaba con estructuras que le permitiera poseer una zona de inmunidad que lo resguardara de esta acción deliberada de los pesos pesados de la especulación.
En los años que vinieron, y luego de 1995 aproximadamente, comenzó a conocerse la verdadera historia, el testimonio del boicot de los dueños del dinero en la Argentina contra el gobierno del pueblo.
Comenzaron a salir a la luz, los sonados casos de corrupción que habían alimentado a la opinión pública, convenientemente entretenida con estos asuntos, por los medios de comunicación confabulados y que, luego de un exhaustivo estudio de los sucesos, no podían ser sustentados con hechos porque nunca habían existido.
Una guerra es una guerra. Los bandos nunca pelean solos. Necesitan de aliados, necesitan de alimento. Y necesitan de héroes y peleles. Y el pueblo, sin duda, encontró en esta amarga experiencia, la lección de lo que es gobernar en Argentina.
El enemigo, está dentro de las fronteras. Y cuando el peligro acecha, es necesario despojarse de toda individualidad, porque el enemigo es poderoso, no porque tenga más armas o de mejor calidad, sino porque su actitud es impetuosa. No deja nada en pie, así como un río lo hace cuando desborda su cauce.
Esa misma actitud es la que nos debe infundir de espíritu para afrontar las etapas más angustiosas. Y es, el camino más dificultoso que se puede transitar, a la vez que es el que más ejercita la resistencia de los hombres de bien, y que todos debemos comenzar a caminar pacientemente: la resistencia contra el abuso de los poderosos dirigido a los gobiernos democráticos.
viernes, 7 de febrero de 2014
A Lourdes la mataron
Hablar mal de la Justicia se ha vuelto un lugar común en la Argentina. Porque sea por la razón que fuere -indolencia, incapacidad o complicidad-, los casos más resonantes que afectaron al país no logran ser aclarados.
Ya se trate de los atentados a la Embajada de Israel o a la AMIA, el tráfico de armas a Ecuador o a Croacia, el caso IBM-Banco Nación, la filiación de Carlos Nair Mesa, la entrega de tierras fuera de pliegos durante la privatización de ENTEL, la Aduana paralela, las cuentas en Suiza del ex-presidente Carlos Menem y su secretario Ramón Hernández, las fuertes sospechas de coimas en el Senado o la fuga de capitales durante el corralito, todo parece ir entrando en un cono de sombras que favorece a los poderosos y a quiénes ejercieron el poder.
Y la noticia que dio a conocer el diario La Nación y que anticipó Informe Central no hace más que ampliar la lista: según el informe oficial de la Policía Federal, la ex-secretaria de Emir Yoma, Lourdes Di Natale, murió tras caer de un décimo piso "porque fue empujada".
El estudio lleva la firma del sub-inspector Elías Iaconangelo, uno de los dos hombres que arrojó el muñeco utilizado para las pericias. La mujer, que estaba amenazada de muerte -y a la que se le había quitado la guardia domiciliaria-, murió el 1° de marzo de 2003, pocos días antes de declarar en la causa por la voladura de la Fábrica Militar de Río Tercero. Sus dichos por el contrabando de armas a Ecuador y a Croacia ya habían llevado a prisión a su ex-jefe y al ex-presidente Carlos Menem. La familia descreyó desde el principio la versión de un accidente que sostenía el fiscal Carlos Castex, quien se opuso a la reconstrucción del hecho, que finalmente fue ordenada por la Cámara del Crimen. Y exige a la jueza Fabiana Palmaghini que recaratule la investigación como "homicidio" y realice las pericias y medidas probatorias que le venía pidiendo sin suerte su abogada, Nilda Formoso.
La causa fue inicialmente cerrada por el juez Ricardo Farías, quien no dudó en ver un accidente provocado por la bebida. Y lo cierto es que los 3.1 de alcohol que le encontraron en el cuerpo era lo que debía despertar sospechas: ¿podía estar consciente con esa cantidad de alcohol una mujer deprimida que pesaba 39 kilos?
Y lo que convenció a sus familiares de que Lourdes jamás correría ese riesgo fue cómo contaba las horas que faltaban para volver a ver a su hija de 10 años, que le había sido dada en tenencia a su ex-pareja y abogado de Emir Yoma, Mariano Cúneo Libarona.
Fuente: Editorial Revista Pronto, 12 de julio de 2006. Año X - N° 519.
jueves, 6 de febrero de 2014
El silencio de los culpables
Según sectores provenientes del mundo
informado de la economía, dicen que Verbitsky estaría detrás de la
desestabilización del gobierno argentino. Uno de los elementos, sería la
relación que existe y es marcadamente pública sobre el apoyo a la legalización
de las drogas.
Dicho superficialmente ¿qué tiene de relación la legalización de las drogas con una supuesta desestabilización de un gobierno? Acá comienza la historia: Verbitsky es un operador de George Soros, un renombrado servidor de la realeza británica y voz dominante en Wall Street.
Soros está financiando, a través de conferencias y "presiones", la legalización de las drogas a nivel mundial. Verbitsky, es la cara más prominente de esa campaña en Argentina ¿Y por qué? Este señor tiene una probada experiencia como espía.
La CIA tiene documentos desclasificados que lo identifican como informante de actividades de la organización Montoneros: informes que, por dejar de ser secretos, lo pueden ver todos. Esta experiencia le permitió conocer a individuos influyentes; y acceder a organizaciones novicias para el "avance de la humanidad". Una de ellas es la organización CELS, coptada por Verbitsky y "promotora de los derechos humanos", de la cual Soros es uno de sus principales financistas.
¿Imaginen que sucedería si Verbitsky estuviera con un cargo dentro del gobierno? Soros tendría las puertas abiertas para legalizar las drogas.
Todos saben que los medios de comunicación son una "picadora de reputaciones". Si estas en la primera plana de un diario y es malo, estás frito. Página 12 se convirtió en la tribuna de la legalización de las drogas en Argentina y lo expresa desenfadadamente como una prioridad social. Se promueve las drogas con el financiamiento de Soros. Ahora bien, Verbitsky también está con Human Rights Watch. Y Human Rights Watch está financiada por Soros, la misma organización que tiene prohibida la entrada en Venezuela por quebrantar la ley.
Sin detenerse en esta incongruencia ideológica, puesto que Verbitsky se considera de izquierda, evidencia desde el principio su incoherencia. Human Rights Watch a "becado" a Verbitsky para "incrementar" su renombre, esperando con esto convertirlo en el "santo" de los lobbistas.
Y en cierto modo, lo consiguió: se convirtió en el promotor de la legalización de las drogas en Argentina junto a otros señores de renombre. Verbitsky es la cara visible. Pero tras él esta Soros. Y Soros es Wall Street. Y también, está detrás de la Sociedad Rural Argentina.
Pero ¿quién está detrás de Soros? Y aquí viene el otro elemento importante: la realeza británica. Soros quiere la legalización de las drogas, al igual que la realeza británica, porque necesita estos dominios para sus intereses. Soros es un representante vivo de la realeza británica. La legalización de las drogas es la señal: si no se aprueba, derrocan al gobierno argentino. Y a cualquiera que se oponga.
Por eso, el nombramiento de un hombre cercano al papa para combatir al narcotráfico fue percibido como un ataque a los intereses británicos. Un ataque sordo, que los ciudadanos no se pronunciaron en contra de este nombramiento: fue todo lo contrario.
La influencia de este episodio tiene una dimensión difícil de medir para el hombre de a pie, porque son las cúpulas quienes discuten esto. Si alguien es capaz de advertir lo que está pasando, puede verlo en un calendario ¿Cuándo fue el nombramiento del señor Molina en SEDRONAR?
Y otra pregunta, complementaria a la anterior: ¿cuándo comenzó los problemas para el gobierno argentino? La realeza británica, mediante Soros, está alentando a las organizaciones amigas: SRA, Wall Street y otros, a repudiar al gobierno argentino. Y lo hace por la legalización de las drogas.
¿Es verosímil todo esto? Para que la puerta de la cocaína se abra, necesitan un amigo: cannabis. Está comprobado que el consumo de cannabis es la puerta abierta que invita el consumo de cocaína.
Y ese consumo aumentaría si se legaliza el cannabis, incrementando los caudales de la renta financiera mundial, bajo control de la City de Londres. Ese círculo exclusivo, tiene muchos cabos que atar pero que, de lejos, comienza por brindar su fisonomía.
No es de extrañar que todo lo que está pasando, provenga del costado financiero. O como dijo Etchevehere, presidente de la SRA: "Conviene más especular con la inflación y el dólar que producir o fabricar productos".
Entonces, el argentino de bien, tendrá la mira puesta únicamente en la SRA, Wall Street, las organizaciones financieras y Verbitsky. Y esa mira sólo disparará DEMOCRACIA ECONÓMICA. No promoverá la violencia, sino la movilización pacífica y el boicot, contra sus enemigos.
Como último dato, que es posible que acerque mucho a la verdad, puede advertirse con claridad: el papa es contrario a la legalización de las drogas. Y el señor Molina es un agente directo del papa en el gobierno. Adivine: ¿qué gobierno se levantó como voz contraria a la elección de Bergoglio como Sumo Pontífice?
Si lo primero que se le pasó por la cabeza es REINO UNIDO, acertó... Y otra pregunta ¿a dónde se dirige el papa en visita oficial? Si también se le pasó por la cabeza REINO UNIDO, nuevamente acertó. ¿Y qué va hacer con la reina? Va a parar un golpe de estado...
Si, así como se lee... y sin otro justificativo que ese. Un papa no viaja intempestivamente desde Roma a otro país. Y lo curioso de todo esto es que fue un diario local, Página 12, quién atacó al actual Sumo Pontífice por sus "vínculos" con la dictadura, cuando, la verdad era otra, ajena a los años de tiranía, que azotó a la Argentina entre 1976-1983.
Dicho superficialmente ¿qué tiene de relación la legalización de las drogas con una supuesta desestabilización de un gobierno? Acá comienza la historia: Verbitsky es un operador de George Soros, un renombrado servidor de la realeza británica y voz dominante en Wall Street.
Soros está financiando, a través de conferencias y "presiones", la legalización de las drogas a nivel mundial. Verbitsky, es la cara más prominente de esa campaña en Argentina ¿Y por qué? Este señor tiene una probada experiencia como espía.
La CIA tiene documentos desclasificados que lo identifican como informante de actividades de la organización Montoneros: informes que, por dejar de ser secretos, lo pueden ver todos. Esta experiencia le permitió conocer a individuos influyentes; y acceder a organizaciones novicias para el "avance de la humanidad". Una de ellas es la organización CELS, coptada por Verbitsky y "promotora de los derechos humanos", de la cual Soros es uno de sus principales financistas.
¿Imaginen que sucedería si Verbitsky estuviera con un cargo dentro del gobierno? Soros tendría las puertas abiertas para legalizar las drogas.
Todos saben que los medios de comunicación son una "picadora de reputaciones". Si estas en la primera plana de un diario y es malo, estás frito. Página 12 se convirtió en la tribuna de la legalización de las drogas en Argentina y lo expresa desenfadadamente como una prioridad social. Se promueve las drogas con el financiamiento de Soros. Ahora bien, Verbitsky también está con Human Rights Watch. Y Human Rights Watch está financiada por Soros, la misma organización que tiene prohibida la entrada en Venezuela por quebrantar la ley.
Sin detenerse en esta incongruencia ideológica, puesto que Verbitsky se considera de izquierda, evidencia desde el principio su incoherencia. Human Rights Watch a "becado" a Verbitsky para "incrementar" su renombre, esperando con esto convertirlo en el "santo" de los lobbistas.
Y en cierto modo, lo consiguió: se convirtió en el promotor de la legalización de las drogas en Argentina junto a otros señores de renombre. Verbitsky es la cara visible. Pero tras él esta Soros. Y Soros es Wall Street. Y también, está detrás de la Sociedad Rural Argentina.
Pero ¿quién está detrás de Soros? Y aquí viene el otro elemento importante: la realeza británica. Soros quiere la legalización de las drogas, al igual que la realeza británica, porque necesita estos dominios para sus intereses. Soros es un representante vivo de la realeza británica. La legalización de las drogas es la señal: si no se aprueba, derrocan al gobierno argentino. Y a cualquiera que se oponga.
Por eso, el nombramiento de un hombre cercano al papa para combatir al narcotráfico fue percibido como un ataque a los intereses británicos. Un ataque sordo, que los ciudadanos no se pronunciaron en contra de este nombramiento: fue todo lo contrario.
La influencia de este episodio tiene una dimensión difícil de medir para el hombre de a pie, porque son las cúpulas quienes discuten esto. Si alguien es capaz de advertir lo que está pasando, puede verlo en un calendario ¿Cuándo fue el nombramiento del señor Molina en SEDRONAR?
Y otra pregunta, complementaria a la anterior: ¿cuándo comenzó los problemas para el gobierno argentino? La realeza británica, mediante Soros, está alentando a las organizaciones amigas: SRA, Wall Street y otros, a repudiar al gobierno argentino. Y lo hace por la legalización de las drogas.
¿Es verosímil todo esto? Para que la puerta de la cocaína se abra, necesitan un amigo: cannabis. Está comprobado que el consumo de cannabis es la puerta abierta que invita el consumo de cocaína.
Y ese consumo aumentaría si se legaliza el cannabis, incrementando los caudales de la renta financiera mundial, bajo control de la City de Londres. Ese círculo exclusivo, tiene muchos cabos que atar pero que, de lejos, comienza por brindar su fisonomía.
No es de extrañar que todo lo que está pasando, provenga del costado financiero. O como dijo Etchevehere, presidente de la SRA: "Conviene más especular con la inflación y el dólar que producir o fabricar productos".
Entonces, el argentino de bien, tendrá la mira puesta únicamente en la SRA, Wall Street, las organizaciones financieras y Verbitsky. Y esa mira sólo disparará DEMOCRACIA ECONÓMICA. No promoverá la violencia, sino la movilización pacífica y el boicot, contra sus enemigos.
Como último dato, que es posible que acerque mucho a la verdad, puede advertirse con claridad: el papa es contrario a la legalización de las drogas. Y el señor Molina es un agente directo del papa en el gobierno. Adivine: ¿qué gobierno se levantó como voz contraria a la elección de Bergoglio como Sumo Pontífice?
Si lo primero que se le pasó por la cabeza es REINO UNIDO, acertó... Y otra pregunta ¿a dónde se dirige el papa en visita oficial? Si también se le pasó por la cabeza REINO UNIDO, nuevamente acertó. ¿Y qué va hacer con la reina? Va a parar un golpe de estado...
Si, así como se lee... y sin otro justificativo que ese. Un papa no viaja intempestivamente desde Roma a otro país. Y lo curioso de todo esto es que fue un diario local, Página 12, quién atacó al actual Sumo Pontífice por sus "vínculos" con la dictadura, cuando, la verdad era otra, ajena a los años de tiranía, que azotó a la Argentina entre 1976-1983.
viernes, 10 de enero de 2014
La nación que se hizo imperio
El territorio de América del Norte fue uno de los importantes escenarios que Luis XIV disputó a Inglaterra en la lucha por la supremacía colonial. A pesar de que fueron los españoles los primeros en llegar a esta zona, para nadie es desconocido que los franceses y los ingleses la habitaron y colonizaron.
Después de los viajes colombinos, sólo un puñado de españoles partió a la conquista de las tierras del norte, mientras que el grueso de los conquistadores concentraba su atención de México hacia el sur. Juan Ponce de León descubrió en 1513 la península de la Florida, mientras que Pánfilo de Narváez y Alvar Nuñez Cabeza de Vaca recorrieron las costas de la actual Texas, para internarse luego en el territorio.
Sin embargo, fueron expediciones organizadas por la Corona inglesa, y posteriormente por la francesa, las que realmente colonizaron el lugar. De este modo, en 1496, Enrique VII aceptó los servicios de Juan Caboto, quién llegó hasta la península de El Labrador. Tras bordear Terranova, volvió a Inglaterra. El hijo de este navegante veneciano, Sebastián Caboto, volvió en 1498 para encontrar el camino a la India por el norte, llegando a lo que con posterioridad se conocerá como Nueva Inglaterra. A la muerte de Enrique VII, Sebastián Caboto entró al servicio de España.
El deseo de expansión de Inglaterra puede entenderse a partir de la pérdida de sus posesiones en Francia. Pretendiendo equilibrar el balance de los territorios de ultramar, Inglaterra intentaba con estas acciones lograr el debilitamiento de la preponderancia española. Los planes ingleses comenzaron a ser implementados durante el reinado de los Tudor. A su cumplimiento contribuyeron las querellas religiosas que sacudían en aquellos momentos a Europa y que colocaron a Inglaterra como el paladín de los intereses protestantes. Isabel I construyó, con el objeto de conquistar y posteriormente mantener sus posesiones americanas, una poderosa flota para defender los territorios adquiridos y mantener alejado de sus costas europeas el peligro continental. La derrota de la "Invencible Armada" en 1588 señaló el punto de partida de la expansión transatlántica inglesa, en perjuicio de los dos países ibéricos, patria de los primeros adelantados en América.
Una de las primeras cartas de libre asentamiento en América fue la otorgada por la reina al corsario Walter Raleigh, quién ejerció su derecho sobre Virginia. En todo caso, los ingleses fracasaron en su empresa de establecerse definitivamente como primera colonia, regresando a Inglaterra.
Las colonizaciones inglesas pasaron a ser regulares bajo el reinado de los Estuardo, teniendo como base dos sociedades particulares: la London Company y la Plymouth Company. Las primeras expediciones a Virginia, en el año 1607, desengañaron a sus integrantes, quienes esperaban encontrar enormes riquezas, principalmente en metales preciosos.
En 1619, con los auspicios de sir George Yeardley, gobernador de la colonia, se constituyó una Asamblea legislativa que instauró en los nuevos dominios una forma parlamentaria de carácter moderno, la primera de América. Virginia estaba regida de distinto modo al de las colonias de Nueva Plymouth, en las cercanías de la bahía de Massachusetts, que más tarde constituyeron Nueva Inglaterra. El principal objetivo en ambas zonas, en todo caso, era común: de orden espiritual y religioso, teniendo como premisa fundamental la libertad absoluta. La religión practicada por los inmigrantes fue la calvinista, en su forma puritana. La persecución de esta doctrina en Inglaterra, decretada por Jacobo I, determinó el abandono de la patria por parte de sus seguidores, quienes zarparon a bordo del Mayflower, estableciéndose en las cercanías de Virginia en 1620. Los perseguidos continuaron llegando a las costas norteamericanas por razones religiosas, y en 1630 se fundó la ciudad de Boston. Estos "peregrinos" profesaban un puritanismo intransigente y estaban decididos a crear un estado eclesiástico. El surgimiento de ciertas desavenencias hicieron que un grupo de colonizadores, dirigidos por el joven sacerdote Roger Williams, abandonara Massachusetts y fundara Rhode Island en 1636. Razones similares llevaron, en el mismo año, a la fundación de varias ciudades en el valle de Connecticut, cerca de los otros asentamientos fundados por los holandeses. Estos últimos habían llegado a la desembocadura del río Hudson en 1612 y habían fundado la factoría de Nueva Amsterdam (1626), en la isla de Manhattan.
En síntesis, los británicos fundaron en 80 años doce colonias. A estas se sumó Georgia en 1632, y este número fue el que conservaron hasta su emancipación.
Fuente: Historia Universal. Diario The Times. 1989.
Después de los viajes colombinos, sólo un puñado de españoles partió a la conquista de las tierras del norte, mientras que el grueso de los conquistadores concentraba su atención de México hacia el sur. Juan Ponce de León descubrió en 1513 la península de la Florida, mientras que Pánfilo de Narváez y Alvar Nuñez Cabeza de Vaca recorrieron las costas de la actual Texas, para internarse luego en el territorio.
Sin embargo, fueron expediciones organizadas por la Corona inglesa, y posteriormente por la francesa, las que realmente colonizaron el lugar. De este modo, en 1496, Enrique VII aceptó los servicios de Juan Caboto, quién llegó hasta la península de El Labrador. Tras bordear Terranova, volvió a Inglaterra. El hijo de este navegante veneciano, Sebastián Caboto, volvió en 1498 para encontrar el camino a la India por el norte, llegando a lo que con posterioridad se conocerá como Nueva Inglaterra. A la muerte de Enrique VII, Sebastián Caboto entró al servicio de España.
El deseo de expansión de Inglaterra puede entenderse a partir de la pérdida de sus posesiones en Francia. Pretendiendo equilibrar el balance de los territorios de ultramar, Inglaterra intentaba con estas acciones lograr el debilitamiento de la preponderancia española. Los planes ingleses comenzaron a ser implementados durante el reinado de los Tudor. A su cumplimiento contribuyeron las querellas religiosas que sacudían en aquellos momentos a Europa y que colocaron a Inglaterra como el paladín de los intereses protestantes. Isabel I construyó, con el objeto de conquistar y posteriormente mantener sus posesiones americanas, una poderosa flota para defender los territorios adquiridos y mantener alejado de sus costas europeas el peligro continental. La derrota de la "Invencible Armada" en 1588 señaló el punto de partida de la expansión transatlántica inglesa, en perjuicio de los dos países ibéricos, patria de los primeros adelantados en América.
Una de las primeras cartas de libre asentamiento en América fue la otorgada por la reina al corsario Walter Raleigh, quién ejerció su derecho sobre Virginia. En todo caso, los ingleses fracasaron en su empresa de establecerse definitivamente como primera colonia, regresando a Inglaterra.
Las colonizaciones inglesas pasaron a ser regulares bajo el reinado de los Estuardo, teniendo como base dos sociedades particulares: la London Company y la Plymouth Company. Las primeras expediciones a Virginia, en el año 1607, desengañaron a sus integrantes, quienes esperaban encontrar enormes riquezas, principalmente en metales preciosos.
En 1619, con los auspicios de sir George Yeardley, gobernador de la colonia, se constituyó una Asamblea legislativa que instauró en los nuevos dominios una forma parlamentaria de carácter moderno, la primera de América. Virginia estaba regida de distinto modo al de las colonias de Nueva Plymouth, en las cercanías de la bahía de Massachusetts, que más tarde constituyeron Nueva Inglaterra. El principal objetivo en ambas zonas, en todo caso, era común: de orden espiritual y religioso, teniendo como premisa fundamental la libertad absoluta. La religión practicada por los inmigrantes fue la calvinista, en su forma puritana. La persecución de esta doctrina en Inglaterra, decretada por Jacobo I, determinó el abandono de la patria por parte de sus seguidores, quienes zarparon a bordo del Mayflower, estableciéndose en las cercanías de Virginia en 1620. Los perseguidos continuaron llegando a las costas norteamericanas por razones religiosas, y en 1630 se fundó la ciudad de Boston. Estos "peregrinos" profesaban un puritanismo intransigente y estaban decididos a crear un estado eclesiástico. El surgimiento de ciertas desavenencias hicieron que un grupo de colonizadores, dirigidos por el joven sacerdote Roger Williams, abandonara Massachusetts y fundara Rhode Island en 1636. Razones similares llevaron, en el mismo año, a la fundación de varias ciudades en el valle de Connecticut, cerca de los otros asentamientos fundados por los holandeses. Estos últimos habían llegado a la desembocadura del río Hudson en 1612 y habían fundado la factoría de Nueva Amsterdam (1626), en la isla de Manhattan.
En síntesis, los británicos fundaron en 80 años doce colonias. A estas se sumó Georgia en 1632, y este número fue el que conservaron hasta su emancipación.
Fuente: Historia Universal. Diario The Times. 1989.
lunes, 6 de enero de 2014
La actitud británica
Es bien sabido que las estructuras políticas suelen ser determinantes a la hora de organizar el trabajo de los gobiernos para fines específicos. La conquista de Las Malvinas no fue reservada para aventureros...
Hasta 1833, el Reino Unido había intentado -en vano- obtener de Las Malvinas una cabecera de playa que le permitiera el control del estrecho que conecta los dos océanos gigantes: el Atlántico y el Pacífico.
Lo consiguió una vez lograda la independencia de España por parte de Argentina. O lo que hoy se conoce como Argentina...
En 1833, Argentina no estaba organizada como un territorio único. En la práctica, el gobierno de la Provincia de Buenos Aires se había reservado los asuntos externos de las primitivas Provincias Unidas del Río de la Plata. Por lo tanto, había una acumulación de ineficiencias aparejadas por la ausencia de especialización de algunos departamentos o dependencias del gobierno de Buenos Aires.
También existió factores accesorios a los anteriores: durante el proceso emancipador, nuestros territorios quedaron desintegrados económicamente. Y este sería un elemento que le negaría muchas iniciativas importantes a los gobiernos.
A la desintegración económica, se le adicionaba la carencia de capitales destinados a las industrias. En fin, todo lo que se puede esperar de un caos posterior a una independencia.
Estos resultados se vieron favorecidos de modo eficiente por el interés que los ingleses tenían en llenar el vacio que dejaba España.
Para el Reino Unido, las antiguas colonias representaban una oportunidad de negocios, y secundariamente, la ocasión de adquirir nuevas posesiones territoriales.
Como consecuencia de los pactos de amistad con el Reino Unido, celebrado por su agente acantonado en Buenos Aires -Bernardino Rivadavia- se le abrieron las puertas a los negocios y al espionaje del más alto nivel.
Las intenciones de Gran Bretaña era obtener una división fronteriza a cada lado del Río de la Plata. Lo consigue luego de 1828 cuando se firma un armisticio entre las fuerzas de Buenos Aires y las de Brasil, en guerra por la posesión del territorio de la actual Uruguay.
Los británicos pueden ahora navegar con rumbo sur sin problemas. Y este sería el factor decisivo que echará la suerte de Las Malvinas.
Las especulaciones sólo tienen lugar en las hipótesis. Se discutirá mucho y, tal vez, hasta se llegue a una conclusión general sobre lo acontecido.
Pero lo cierto es que, si se quiere entregarse a las especulaciones, hay una pregunta que debería formularse cualquier argentino: ¿Por qué el Reino Unido presenta a la Argentina como una nación separada de la patagonia -por lo menos en los señalamientos y referencias cartográficas-? ¿A caso hay una segunda oleada de conquista que en una ocasión propicia puede generar un incidente que determine a los ingleses la excusa de la seguridad del Atlántico Sur para sus efectos?
Todo indica que la actual estación aeronaval de Las Malvinas no podría haber sido construida sin la justificación de guardar vidas y propiedades británicas. Y ese fundamento se lo ofreció una Argentina supuestamente organizada...
Solo queda reflexionar cada vez que vamos a las urnas lo que realmente queremos como nación. Mirar Las Malvinas es interrogarnos en todo momento y en todo lugar, si hacemos lo suficiente para que Argentina tenga la seguridad de que el Atlántico Sur siga siendo celeste y blanco por mucho años más...
Nuestro oponente es poderoso, no por las armas, sino por su actitud ante la realidad, que les ofrece enormes ventajas cuando realizan sus maniobras políticas y crean los "teatros de operaciones".
Nuestro rumbo debe ser la siguiente síntesis: si los ingleses están inquietos es que realmente estamos haciendo las cosas bien. Y ese espejo es el que debemos mirar más a menudo y con la misma frecuencia que el espejo que se encuentra en el seno de nuestro hogar.
Hasta 1833, el Reino Unido había intentado -en vano- obtener de Las Malvinas una cabecera de playa que le permitiera el control del estrecho que conecta los dos océanos gigantes: el Atlántico y el Pacífico.
Lo consiguió una vez lograda la independencia de España por parte de Argentina. O lo que hoy se conoce como Argentina...
En 1833, Argentina no estaba organizada como un territorio único. En la práctica, el gobierno de la Provincia de Buenos Aires se había reservado los asuntos externos de las primitivas Provincias Unidas del Río de la Plata. Por lo tanto, había una acumulación de ineficiencias aparejadas por la ausencia de especialización de algunos departamentos o dependencias del gobierno de Buenos Aires.
También existió factores accesorios a los anteriores: durante el proceso emancipador, nuestros territorios quedaron desintegrados económicamente. Y este sería un elemento que le negaría muchas iniciativas importantes a los gobiernos.
A la desintegración económica, se le adicionaba la carencia de capitales destinados a las industrias. En fin, todo lo que se puede esperar de un caos posterior a una independencia.
Estos resultados se vieron favorecidos de modo eficiente por el interés que los ingleses tenían en llenar el vacio que dejaba España.
Para el Reino Unido, las antiguas colonias representaban una oportunidad de negocios, y secundariamente, la ocasión de adquirir nuevas posesiones territoriales.
Como consecuencia de los pactos de amistad con el Reino Unido, celebrado por su agente acantonado en Buenos Aires -Bernardino Rivadavia- se le abrieron las puertas a los negocios y al espionaje del más alto nivel.
Las intenciones de Gran Bretaña era obtener una división fronteriza a cada lado del Río de la Plata. Lo consigue luego de 1828 cuando se firma un armisticio entre las fuerzas de Buenos Aires y las de Brasil, en guerra por la posesión del territorio de la actual Uruguay.
Los británicos pueden ahora navegar con rumbo sur sin problemas. Y este sería el factor decisivo que echará la suerte de Las Malvinas.
Las especulaciones sólo tienen lugar en las hipótesis. Se discutirá mucho y, tal vez, hasta se llegue a una conclusión general sobre lo acontecido.
Pero lo cierto es que, si se quiere entregarse a las especulaciones, hay una pregunta que debería formularse cualquier argentino: ¿Por qué el Reino Unido presenta a la Argentina como una nación separada de la patagonia -por lo menos en los señalamientos y referencias cartográficas-? ¿A caso hay una segunda oleada de conquista que en una ocasión propicia puede generar un incidente que determine a los ingleses la excusa de la seguridad del Atlántico Sur para sus efectos?
Todo indica que la actual estación aeronaval de Las Malvinas no podría haber sido construida sin la justificación de guardar vidas y propiedades británicas. Y ese fundamento se lo ofreció una Argentina supuestamente organizada...
Solo queda reflexionar cada vez que vamos a las urnas lo que realmente queremos como nación. Mirar Las Malvinas es interrogarnos en todo momento y en todo lugar, si hacemos lo suficiente para que Argentina tenga la seguridad de que el Atlántico Sur siga siendo celeste y blanco por mucho años más...
Nuestro oponente es poderoso, no por las armas, sino por su actitud ante la realidad, que les ofrece enormes ventajas cuando realizan sus maniobras políticas y crean los "teatros de operaciones".
Nuestro rumbo debe ser la siguiente síntesis: si los ingleses están inquietos es que realmente estamos haciendo las cosas bien. Y ese espejo es el que debemos mirar más a menudo y con la misma frecuencia que el espejo que se encuentra en el seno de nuestro hogar.
domingo, 5 de enero de 2014
El largo camino a casa
"Debo informaros que he recibido ordenes de Su Excelencia Comandante en Jefe de las Fuerzas Navales de Su Majestad Británica estacionadas en América del Sur para hacer efectivo el derecho de soberanía de Su Majestad Británica sobre Las Malvinas".
Con estas palabras, John Onslow, comandante de la expedición militar abordo del HMS Clio, se dirigía a José María Pinedo, comandante político y militar interino, para que abandonara la posesión territorial y se llevara consigo todo lo que significara evidencia de soberanía y dependencia del gobierno argentino.
En realidad, las actuaciones británicas no eran otra cosa que una larga cadena de intrigas, alimentada por una estrategia colonial cuya meta ulterior sería la toma de posesión de la Antártida.
El descubrimiento de Las Malvinas es el fruto de numerosas expediciones previas, todas ellas con el propósito de cruzar el Estrecho de Magallanes, lo que convertía a las islas en un lugar especial para fondeaderos.
Esta es la razón por la que Las Malvinas eran codiciadas por las potencias europeas: disponer de un puerto natural de aguas profundas para recalar, luego de miles de millas de travesía, y contribuir a la seguridad de un paso interoceánico para la libre navegación.
Con el correr de los años, la ansiedad se profundizaba y no quedaban dudas sobre la intencionalidad de ingleses, holandeses, franceses y españoles.
Estos últimos habían conseguido levantar establecimientos para requerimientos navales y de soberanía. De hecho, Francia le puso un nombre a los archipiélagos: Illes Malouines. Luego, se retiraron, reconociendo la preexistencia de un derecho del Rey de España sobre esa parte del mundo.
Los ingleses, en cambio, se atribuían descubrimientos y los presentaban como títulos de soberanía del Rey de Inglaterra. Luego de la llegada de los franceses, el Reino Unido fundó un apostadero secreto con la finalidad de, llegado el momento, expulsar a los franceses y tomar posesión de las islas. Ninguno de estos propósitos consiguieron florecer.
España sabía de la existencia de la estación naval inglesa y procedió a restablecer el orden por la fuerza. El incidente obligó a la discusión diplomática y a un retiro "con honor" de los elementos británicos de Las Malvinas.
La situación fue mala para el gobierno británico. La oposición política cuestionó en duros términos la liviandad con la que resolvió el asunto y solicitó que se explicara públicamente los resultados de las deliberaciones diplomáticas y los argumentos para justificarlo.
Samuel Johnson, el más renombrado filósofo de la época, fue contratado por el gobierno para explicar la firma del tratado con España y resume en uno de sus fundamentos que "es una estación para comerciantes contrabandistas, para protección del fraude, y un receptáculo del robo", y agrega que es "una isla postergada para uso humano, tormentosa en invierno, y árida en verano; una isla que por no habitarla, ni los salvajes del sur han dignificado".
A partir de ese momento, España ocupó de manera efectiva estos territorios, que dependerían del Virreinato del Río de la Plata. Aprovechando que las instalaciones de los franceses estaban en condiciones generales bien conservadas, no le tomó mucho tiempo a los españoles establecerse allí y acomodar una guarnición militar. Este estado de cosas permanecerá hasta 1811.
Luego de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Las Malvinas pasaron a depender de Argentina. El primer gobernador fue Pablo Areguatí quién se embarcó en la fragata ARA Heroína con rumbo sur, en 1823.
Durante esos diez años de posesión efectiva, Las Malvinas tuvieron una vida sin estabilidad política y sin un conveniente fomento de actividades que permitiese la autonomía de esa posesión. La falta de tacto para la política también favoreció la anarquía y carencia de seguridad de sus costas. Sólo contaba con una dotación de 25 militares y muchos sitios que defender de la piratería.
No es extraño, entonces, que una corbeta bien artillada fuera suficiente como para tomar el control de los mares del sur sin problemas.
Las protestas de la diplomacia argentina fueron, desde entonces, discontinuadas y sin estabilidad de argumentos. En cambio, la posición del Reino Unido lo hizo evidente el diario The Times cuando, molesto por la benevolencia del gobierno británico, señalaba "no sabemos que admirar más, si la insolencia del sudamericano o la resignación del ministro de la Reina que no lo lanzó a puntapiés escaleras abajo". Calificaba al diplomático argentino como representante de "un estado rebelde y de segunda categoría".
Hasta nuestros días, la disputa de la soberanía se encuentra estancada por la negación insistente de los británicos a someterse a rondas de negociación para encontrar un punto de equilibro satisfactorio para las partes.
Con estas palabras, John Onslow, comandante de la expedición militar abordo del HMS Clio, se dirigía a José María Pinedo, comandante político y militar interino, para que abandonara la posesión territorial y se llevara consigo todo lo que significara evidencia de soberanía y dependencia del gobierno argentino.
En realidad, las actuaciones británicas no eran otra cosa que una larga cadena de intrigas, alimentada por una estrategia colonial cuya meta ulterior sería la toma de posesión de la Antártida.
El descubrimiento de Las Malvinas es el fruto de numerosas expediciones previas, todas ellas con el propósito de cruzar el Estrecho de Magallanes, lo que convertía a las islas en un lugar especial para fondeaderos.
Esta es la razón por la que Las Malvinas eran codiciadas por las potencias europeas: disponer de un puerto natural de aguas profundas para recalar, luego de miles de millas de travesía, y contribuir a la seguridad de un paso interoceánico para la libre navegación.
Con el correr de los años, la ansiedad se profundizaba y no quedaban dudas sobre la intencionalidad de ingleses, holandeses, franceses y españoles.
Estos últimos habían conseguido levantar establecimientos para requerimientos navales y de soberanía. De hecho, Francia le puso un nombre a los archipiélagos: Illes Malouines. Luego, se retiraron, reconociendo la preexistencia de un derecho del Rey de España sobre esa parte del mundo.
Los ingleses, en cambio, se atribuían descubrimientos y los presentaban como títulos de soberanía del Rey de Inglaterra. Luego de la llegada de los franceses, el Reino Unido fundó un apostadero secreto con la finalidad de, llegado el momento, expulsar a los franceses y tomar posesión de las islas. Ninguno de estos propósitos consiguieron florecer.
España sabía de la existencia de la estación naval inglesa y procedió a restablecer el orden por la fuerza. El incidente obligó a la discusión diplomática y a un retiro "con honor" de los elementos británicos de Las Malvinas.
La situación fue mala para el gobierno británico. La oposición política cuestionó en duros términos la liviandad con la que resolvió el asunto y solicitó que se explicara públicamente los resultados de las deliberaciones diplomáticas y los argumentos para justificarlo.
Samuel Johnson, el más renombrado filósofo de la época, fue contratado por el gobierno para explicar la firma del tratado con España y resume en uno de sus fundamentos que "es una estación para comerciantes contrabandistas, para protección del fraude, y un receptáculo del robo", y agrega que es "una isla postergada para uso humano, tormentosa en invierno, y árida en verano; una isla que por no habitarla, ni los salvajes del sur han dignificado".
A partir de ese momento, España ocupó de manera efectiva estos territorios, que dependerían del Virreinato del Río de la Plata. Aprovechando que las instalaciones de los franceses estaban en condiciones generales bien conservadas, no le tomó mucho tiempo a los españoles establecerse allí y acomodar una guarnición militar. Este estado de cosas permanecerá hasta 1811.
Luego de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Las Malvinas pasaron a depender de Argentina. El primer gobernador fue Pablo Areguatí quién se embarcó en la fragata ARA Heroína con rumbo sur, en 1823.
Durante esos diez años de posesión efectiva, Las Malvinas tuvieron una vida sin estabilidad política y sin un conveniente fomento de actividades que permitiese la autonomía de esa posesión. La falta de tacto para la política también favoreció la anarquía y carencia de seguridad de sus costas. Sólo contaba con una dotación de 25 militares y muchos sitios que defender de la piratería.
No es extraño, entonces, que una corbeta bien artillada fuera suficiente como para tomar el control de los mares del sur sin problemas.
Las protestas de la diplomacia argentina fueron, desde entonces, discontinuadas y sin estabilidad de argumentos. En cambio, la posición del Reino Unido lo hizo evidente el diario The Times cuando, molesto por la benevolencia del gobierno británico, señalaba "no sabemos que admirar más, si la insolencia del sudamericano o la resignación del ministro de la Reina que no lo lanzó a puntapiés escaleras abajo". Calificaba al diplomático argentino como representante de "un estado rebelde y de segunda categoría".
Hasta nuestros días, la disputa de la soberanía se encuentra estancada por la negación insistente de los británicos a someterse a rondas de negociación para encontrar un punto de equilibro satisfactorio para las partes.
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