sábado, 17 de agosto de 2013

La frontera sanmartiniana

Corre el año 1850. Una vida rural, en la margen del Canal de la Mancha, no mejoró su situación de salud. Su médico quiso quitarlo del ajetreo de los suburbios de París, dos años antes, para que no se complicara por su frugal alimentación.
Los embrollos que se desprenden de su historia clínica fueron una constante en el desarrollo de su vida. Todo comenzó en 1808, cuando adquirió sus primeras heridas de guerra y se esclareció el asma.
España había mantenido cordiales relaciones internacionales con Francia desde la muerte de Carlos II de Habsburgo, sin descendencia, en 1700. La Casa de Borbón, de origen francés, procuró ser complaciente con aquella nación en todo, hasta que el pueblo se negó a cooperar con el ejército napoleónico.
Allí, combatió contra una fuerza superior, de la cual salió airoso gracias a su genio táctico y la conducción de brillante estratega. Su última actuación militar en Europa, le valió varias heridas en su brazo izquierdo, fruto de un combate cuerpo a cuerpo.
A la fecha de su repatriación, nuevos padecimientos lo obligaron a solicitar breves licencias médicas para su recomposición. Una de ellas fue ulterior a la Batalla del Convento de San Lorenzo.
En ese enfrentamiento, recibió la más visible de sus heridas: una cicatriz en su rostro que lo mantuvo hasta su muerte. También en el calor del combate recibió el aplastamiento de una de sus piernas.
Tucumán fue otro de los escenarios que desafió su entereza. Al mando del Ejército del Norte, sufrió un acceso de asma que lo confinó a Córdoba para su restablecimiento.
La úlcera, también hizo su primera aparición en aquella oportunidad, alejándolo de sus actividades debido al sangrado de sus vómitos.
Mendoza no le dio tregua. A lo largo de su estadía en esa provincia, sus sangrados lo mantenían al margen de las actividades y cuando hubo de recuperarse de ello, un nuevo episodio de asma lo detuvo; en esas circunstancias llegó al extremo de descansar toda la noche sentado para poder respirar.
Perú tuvo consecuencias igualmente agraviantes para su salud. Durante la preparación del teatro de operaciones se reactivó los efectos de su úlcera, además de que, en esta coyuntura, estuvo rodeado por una infección generalizada de disentería, y paludismo.
El regreso a Europa, le depararía un encuentro con el cólera que “me atacó del modo más terrible, que me tuvo al borde del sepulcro y me ha hecho sufrir inexplicables padecimientos”; y el repaso de sus viejas dolencias, con la incorporación de la enfermedad de los nervios, la causa presumible de su úlcera.
Para el verano de 1850, las cartas estaban echadas: su estado sanitario empeoró por múltiples factores que desarreglaron su cuadro, pero sobre todo, lo que se cree que lo derrotó fue la úlcera, con sus derivados vómitos de sangre azul.
La construcción de la imagen sanmartiniana está en las palabras del cirujano del ejército Dr. Juan Isidro Zapata: “antepuso su deber y su patria a su propia existencia y sus enfermedades” para consumar los objetivos de independencia de América.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Trueque: lo vetusto se hace actual

El intercambio directo de bienes y servicios, sin mediar la intervención del dinero es la forma de comercio más antigua de la historia.
El pueblo que la hizo costumbre en su modo de comerciar -Fenicia- se enriqueció gracias a su extraordinaria capacidad para las manufacturas, que las canjeaban por esclavos, metales preciosos y materias primas.
Algunas personas creen que trocar, es asunto de pobres. Sin embargo, como se explícita más arriba, el pueblo más rico de la antigüedad usaba regularmente esta acción para beneficiarse del comercio con las civilizaciones contemporáneas.
El trueque tiene los siguientes fundamentos:
1 Cada individuo es un agente de comercio
2 Los bienes y servicios que oferta son de manufactura propia
3 El intercambio es directo, esto significa, que no existen intermediarios
4 La inflación no interviene
5 La equidad es la regla antes que la excepción
El paso del tiempo hizo su trabajo. Y el perfeccionamiento de esta acción de comercio llegó a nuestros días con el llamado “trueque multilateral”.
De acuerdo a ésta modalidad, el agente de trueque (que por otra parte, recibe el nombre de “Prosumidor”, palabra derivada de la fusión de “Productor” y Consumidor”) oferta y demanda mercancías en el interior de una estructura de conjunto: los llamados “club del trueque”.
Estos clubes proporcionan la idea de variedad y multiplicidad de artículos disponibles, ausente en otras formas de trueque. En la modalidad del trueque individual -popular en el mundo automotor-, su estilo se caracteriza por retribuir necesidades recíprocas de los participantes. Esta postura inflexible es lo que facilita, en parte, la mala fama de las transacciones porque el “Canje de Satisfacciones” debe ser coincidente; en otras palabras, los individuos atraídos deben estar de acuerdo en todo para concluir el negocio.
Esta experiencia se convierte en una angustiosa posibilidad. En lugar de eso, en el trueque multilateral, practicado en un club, el canje de satisfacciones es colectivo.
Por medio de un vale -ticket trueque- se hace efectivo el cambio de las mercancías entre los interesados, con la cotización asignada por cada prosumidor. Los vales tienen un importe escrito y con diferente valoración como ocurre con la moneda de curso legal, que se denominan “créditos”. Comportándose como una moneda propiamente dicha, la suma de los créditos alimenta las aspiraciones por artículos que serían inverosímiles de obtener en el mercado de otro modo, desde un corte de pelo hasta la torta de cumpleaños para el pariente o amigo...
Durante la depresión de los años 1999-2002 se amplió los rubros de intercambio llegando a brindarse servicios de psicología y control de la presión arterial a cambio de otros bienes y servicios. Un municipio, incluso, adaptado a las circunstancias, llegó al extremo de solicitar el pago de las tasas a través de créditos provenientes de los clubes de trueque.
Si se tuviera la ocasión de exponer una conclusión para cerrar este texto, se ensayaría muchas palabras que sonarían huecas. Lo mejor para cada caso es tener la evidencia.
Argentina es una nación experimentada en el uso del trueque como medio para la subsistencia. En la actualidad sigue funcionando la conspicua Red Global de Trueque (RGT). De hecho, las palabras “moneda social” es una idea argentina, utilizada en todo el mundo. No es casual que las crisis hayan alimentado la imaginación de los habitantes de estas tierras, un pueblo creativo como nos lo recuerdan desde el exterior.
La lucha por la vida es multiforme y no se agota con la obra maestra de Charles Darwin. El abanico es gigante y las oportunidades se multiplican a medida que nos expandimos desde el conocimiento práctico.
Existen experiencias fuera de Argentina que estimulan el credo: en un caso, Suiza posee a la WIR-Messen, una cooperativa con más de medio siglo de vigencia, y cuenta, hasta la fecha, con más de 1.000 inscriptos. Tiene una publicación donde se muestra como catálogo, los artículos disponibles y sus productores. Su sede está en Zürich, pero dispone de filiales en Berna, Lenzburg y otras ciudades.
En otro caso, EUA a introducido el trueque como subsistencia para las comunidades de jubilados en Miami y New York. Se trata de un sistema en el que un voluntario inscripto, ofrece servicios a la comunidad y los canjea por servicios para su propio bienestar, todo esto centralizado en un registro contable de las horas trabajadas. También surgió la idea, en otras ciudades, de que sus desocupados puedan brindar su trabajo y la ciudad los beneficie con la “City Credit Cards”, canjeable para viajar en transporte público, acceder a recreaciones en parques, bibliotecas, educación y otros servicios.
La gama de posibilidades es tan amplia como la imaginación sea posible. De hecho, el trueque puede ser un buen trampolín para penetrar en el mercado si se carece de experiencia laboral o en la producción. Es una buena oportunidad para los profesionales novicios y para los que egresan de las escuelas técnicas, que pueden incursionar en sus actividades sin morir en el intento.

jueves, 8 de agosto de 2013

Crecimiento del leasing

El presidente de la Asociación de Leasing de Argentina (ALA), Nicolás Scioli, informó que “el balance del sector mostró un crecimiento de la industria del leasing de un 95% como resultado comparativo entre el primer semestre del 2012 y el mismo período del 2013, esto muestra la importancia de esta herramienta de financiamiento a la hora de adquirir bienes de capital”.
Durante el primer semestre del año, el volumen total de operaciones de leasing concretadas alcanzó los 3.091 millones de pesos, como consecuencia de un incremento del 71% en los contratos firmados en igual período de 2012. Para Scioli, el actual crecimiento “refleja la aceptación del leasing como herramienta para el financiamiento de la inversión y el lugar destacado que logró en el mercado financiero para la adquisición de bienes de capital, principalmente para las pymes”.


Fuente: Diario Crónica, agosto de 2013. Argentina