Durante 359 años, el mundo griego se vió sometido a la voluntad de una ciudad-estado cuya organización militar sería un modelo de realización para las siguientes generaciones que gestaron la evolución de la humanidad. Su orgullo cívico estaba reglado por la valentía y la austeridad, convicciones que estaban condensadas en su Código de Honor.
Su Edad de Oro permitió mostrar las esencias de sus individuos y el conjunto social que la convirtieron en la primera potencia entre las ciudades-estados de la antigua Grecia.
El Arte de la Conducción lacedemonia hacia que los individuos adquirieran cualidades circunscriptas a la guerra y los temas de estudio reflejaban esas exigencias.
El ejemplo era un instrumento de modelación. El perfeccionamiento obligaba al espartano a convertirse al más alto nivel de profesionalismo en el ejercicio bélico. La concentración previa al combate tenía las características de una ceremonia.
Para conseguirlo, el soldado satisfacía el cumplimiento de un orden general que establecía el deber de peinar su larga cabellera (actitud que se alimentaba en los años de formación precisamente para este objetivo) con el suficiente esmero como para que la carga psicológica y, aún la simbólica, pueda tener una utilidad práctica a la hora de la batalla.
Otra costumbre que enriquecía la actividad previa a un enfrentamiento lo representaba el alistamiento de las armas que, con igual celo, contribuía a mejorar el estado anímico de un combatiente. Una de esas armas, el escudo, tenía el agregado de poder ser abrillantado con la limpieza. Este hecho le sumaba estética al conjunto cuando se presentaba ante el enemigo.
El factor de preparación para que un soldado esté en forma era el someterlo a un riguroso plan de ejercicios que flexibilizara y optimizara su cuerpo, transformándolo en una verdadera máquina de matar. El combate cuerpo a cuerpo era una regla para el servicio militar.
Una práctica recurrente consistía en promocionar torneos entre los mismos efectivos, con premios para los vencedores, que adquirían el derecho de alimentarse con una pieza de carne determinada o un ascenso.
Finalmente, la actividad de guerra, que era toda una organización de conjunto, llevaba consigo a diferentes individuos con oficios que cubrían el servicio de campaña (transporte, herreros, carpinteros, aguateros, etc.) junto a los soldados y comandantes.
El propio rey integraba la expedición y se alimentaba de las mismas raciones reglamentarias destinadas a su ejército, compartía la diversión e impartía el orden del día.
Este modelo de conducción explica porque durante más de tres siglos y medio, Esparta avasalló sin grandes sacrificios. La alta profesionalidad, la intensa preparación física y mental, y la muestra de una entrega total, nos advierte la conexión estrecha y vinculante de estos elementos que no pueden estar disociados.
Como tampoco puede ignorarse la importancia de evitar la disgregación de cada individualidad sin tener otro motivo que servir al conjunto en todo momento, aun cuando la dificultad y la suma de inconvenientes, nos ofrece una tendencia contraria y opositora a nuestra voluntad de éxito.