Penitenciaria Marcos Paz. El otoño retrasó una hora el alba. El
centinela recorre iluminado por la luz artificial el pabellón destinado a los
criminales de lesa humanidad. A su paso hace el llamado de desvelo para que los
reos comiencen su jornada. Todos menos uno atendió a su aviso. Abundado por la
intriga de la anomalía, descubre tras la puerta a un sujeto inerte. Luego de su
llegada, el médico dictaminó: muerto.
Podría ser el
comienzo de un libreto para ser llevado al cine, pero se trata del deceso de un
tirano, que en la cumbre de su vida ofreció sus servicios de militar a costo
del Estado para beneficio de la muerte, del tormento, del hambre, del atraco,
de esfumar personas y de la supresión de la identidad.
Su accionar
significó el mayor ataque a la libertad, a la integridad de las personas y puso
en riesgo la paz exterior de la Nación cuando, en 1978, pretendió reverenciar a
Marte, el dios romano de la guerra, para dirimir las diferencias con Chile por
la zona del Canal de Beagle.
Coordinando
tras bastidores una crisis política para debilitar a la democracia recuperada
en 1973, este antiguo alumno de la Escuela de Las Américas sedujo a las fuerzas
reaccionarias instaladas en el gobierno federal para que le suministre los
reglamentos e instrucciones de ley que le permitan fomentar un teatro de
operaciones primario (que algunos calificaron como “globo de ensayo”), en la
geografía del bosque subtropical del noroccidente nacional, la zona de
resistencia popular más prominente contra los abusadores que se escudan en el
derecho de administrar auspiciado por el capitalismo.
Los
ejercicios de guerra, su cosquilleo personal, fue el soplo que emprendió contra
el enemigo que surgía del desvarío y exponía a la luz pública su mediocridad
profesional, sus nulos escrúpulos y la sed de probar la sangre de sus
perseguidos.
Implantó el
Estado Pistolero, donde la razón fue encarcelada y la libertad cambiada por la
angustia. La economía fue atacada por el pillaje y su balance falsificado.
Sus últimas
palabras, conocidas por la opinión pública el 14 de mayo, enumeró excusas,
repudió al tribunal que lo juzgaba por el expediente “Plan Cóndor” y se autodeclaró
preso político. Adiós tirano.