viernes, 17 de mayo de 2013

Adiós al tirano


Penitenciaria Marcos Paz. El otoño retrasó una hora el alba. El centinela recorre iluminado por la luz artificial el pabellón destinado a los criminales de lesa humanidad. A su paso hace el llamado de desvelo para que los reos comiencen su jornada. Todos menos uno atendió a su aviso. Abundado por la intriga de la anomalía, descubre tras la puerta a un sujeto inerte. Luego de su llegada, el médico dictaminó: muerto.
Podría ser el comienzo de un libreto para ser llevado al cine, pero se trata del deceso de un tirano, que en la cumbre de su vida ofreció sus servicios de militar a costo del Estado para beneficio de la muerte, del tormento, del hambre, del atraco, de esfumar personas y de la supresión de la identidad.
Su accionar significó el mayor ataque a la libertad, a la integridad de las personas y puso en riesgo la paz exterior de la Nación cuando, en 1978, pretendió reverenciar a Marte, el dios romano de la guerra, para dirimir las diferencias con Chile por la zona del Canal de Beagle.
Coordinando tras bastidores una crisis política para debilitar a la democracia recuperada en 1973, este antiguo alumno de la Escuela de Las Américas sedujo a las fuerzas reaccionarias instaladas en el gobierno federal para que le suministre los reglamentos e instrucciones de ley que le permitan fomentar un teatro de operaciones primario (que algunos calificaron como “globo de ensayo”), en la geografía del bosque subtropical del noroccidente nacional, la zona de resistencia popular más prominente contra los abusadores que se escudan en el derecho de administrar auspiciado por el capitalismo.
Los ejercicios de guerra, su cosquilleo personal, fue el soplo que emprendió contra el enemigo que surgía del desvarío y exponía a la luz pública su mediocridad profesional, sus nulos escrúpulos y la sed de probar la sangre de sus perseguidos.
Implantó el Estado Pistolero, donde la razón fue encarcelada y la libertad cambiada por la angustia. La economía fue atacada por el pillaje y su balance falsificado.
Sus últimas palabras, conocidas por la opinión pública el 14 de mayo, enumeró excusas, repudió al tribunal que lo juzgaba por el expediente “Plan Cóndor” y se autodeclaró preso político. Adiós tirano.

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