lunes, 10 de marzo de 2014

Violencia, nunca más en América Latina


En el libro "Los Vencedores Vencidos", de María Estela Spinelli, existe un pasaje en el que se describe como los partidarios del derrocamiento de Perón amenazaban a sus enemigos para que no protegieran al gobierno. Hoy, ese mismo espíritu, se replica en otras latitudes, con el pretexto de que todo lo obrado y lo que se obrará será por la libertad, y contra la dictadura. Nunca quién amenaza desea el bien para su destinatario. Es más bien el anticipo de una porción de lo que realmente le sucederá si obtiene la oportunidad de aplicar lo que le manifiesta, con violencia, en palabras. Quién amenaza, merece nuestro rechazo. Es necesario que así se haga. Quién acepta la violencia, aceptas sus consecuencias, sean estas a su favor o sean estas como respuesta de su "piedra lanzada". Venezuela, es hoy, la muestra de como existen individuos que, con un completo desprecio por la convivencia, dan lugar a la muerte de sus semejantes. Nunca olviden que en la Argentina sucedió un 1955. Y que eso, se repitió en 1976. En ambos casos, las libertades individuales y el Estado de Derecho se convirtieron en utopías para la juventud, para los ancianos y para los pobres. Debemos entender que nuestras acciones tienen consecuencias, y no es sólo desde lo conceptual y moral. Tienen consecuencias palpables, en presencias y ausencias, muchas de ellas, dolorosas. Nuestro deber como generación es no repetir los errores del pasado, abrazar los aciertos y asumir como propio los asuntos de nuestras comunidades, tanto desde lo cultural e histórico, como desde lo social. Y con la democracia como elemento de convivencia. Debemos tener cuidado en nuestros mensajes, jamás tolerar el mal hacia nuestros semejantes, cualquiera sea su origen o su destino, sean estas explícitas o sean estas veladas.