El
intercambio directo de bienes y servicios, sin mediar la intervención del
dinero es la forma de comercio más antigua de la historia.
El pueblo que
la hizo costumbre en su modo de comerciar -Fenicia- se enriqueció gracias a su
extraordinaria capacidad para las manufacturas, que las canjeaban por esclavos,
metales preciosos y materias primas.
Algunas personas
creen que trocar, es asunto de pobres. Sin embargo, como se explícita más
arriba, el pueblo más rico de la antigüedad usaba regularmente esta acción para
beneficiarse del comercio con las civilizaciones contemporáneas.
El trueque
tiene los siguientes fundamentos:
1 Cada
individuo es un agente de comercio
2 Los bienes
y servicios que oferta son de manufactura propia
3 El
intercambio es directo, esto significa, que no existen intermediarios
4 La
inflación no interviene
5 La equidad
es la regla antes que la excepción
El paso del
tiempo hizo su trabajo. Y el perfeccionamiento de esta acción de comercio llegó
a nuestros días con el llamado “trueque multilateral”.
De acuerdo a
ésta modalidad, el agente de trueque (que por otra parte, recibe el nombre de “Prosumidor”,
palabra derivada de la fusión de “Productor” y Consumidor”) oferta y demanda
mercancías en el interior de una estructura de conjunto: los llamados “club del
trueque”.
Estos clubes
proporcionan la idea de variedad y multiplicidad de artículos disponibles,
ausente en otras formas de trueque. En la modalidad del trueque individual -popular
en el mundo automotor-, su estilo se caracteriza por retribuir necesidades recíprocas
de los participantes. Esta postura inflexible es lo que facilita, en parte, la
mala fama de las transacciones porque el “Canje de Satisfacciones” debe ser coincidente;
en otras palabras, los individuos atraídos deben estar de acuerdo en todo para
concluir el negocio.
Esta
experiencia se convierte en una angustiosa posibilidad. En lugar de eso, en el
trueque multilateral, practicado en un club, el canje de satisfacciones es
colectivo.
Por medio de
un vale -ticket trueque- se hace efectivo el cambio de las mercancías entre los
interesados, con la cotización asignada por cada prosumidor. Los vales tienen
un importe escrito y con diferente valoración como ocurre con la moneda de
curso legal, que se denominan “créditos”. Comportándose como una moneda propiamente dicha,
la suma de los créditos alimenta las aspiraciones por artículos que serían
inverosímiles de obtener en el mercado de otro modo, desde un corte de pelo
hasta la torta de cumpleaños para el pariente o amigo...
Durante la
depresión de los años 1999-2002 se amplió los rubros de intercambio llegando a
brindarse servicios de psicología y control de la presión arterial a cambio de
otros bienes y servicios. Un municipio, incluso, adaptado a las circunstancias,
llegó al extremo de solicitar el pago de las tasas a través de créditos
provenientes de los clubes de trueque.
Si se tuviera
la ocasión de exponer una conclusión para cerrar este texto, se ensayaría
muchas palabras que sonarían huecas. Lo mejor para cada caso es tener la
evidencia.
Argentina es
una nación experimentada en el uso del trueque como medio para la subsistencia.
En la actualidad sigue funcionando la conspicua Red Global de Trueque (RGT). De
hecho, las palabras “moneda social” es una idea argentina, utilizada en todo el
mundo. No es casual que las crisis hayan alimentado la imaginación de los
habitantes de estas tierras, un pueblo creativo como nos lo recuerdan desde el
exterior.
La lucha por
la vida es multiforme y no se agota con la obra maestra de Charles Darwin. El
abanico es gigante y las oportunidades se multiplican a medida que nos expandimos
desde el conocimiento práctico.
Existen
experiencias fuera de Argentina que estimulan el credo: en un caso, Suiza posee
a la WIR-Messen, una cooperativa con más de medio siglo de vigencia, y cuenta,
hasta la fecha, con más de 1.000 inscriptos. Tiene una publicación donde se
muestra como catálogo, los artículos disponibles y sus productores. Su sede
está en Zürich, pero dispone de filiales en Berna, Lenzburg y otras ciudades.
En otro caso,
EUA a introducido el trueque como subsistencia para las comunidades de
jubilados en Miami y New York. Se trata de un sistema en el que un voluntario
inscripto, ofrece servicios a la comunidad y los canjea por servicios para su
propio bienestar, todo esto centralizado en un registro contable de las horas
trabajadas. También surgió la idea, en otras ciudades, de que sus desocupados
puedan brindar su trabajo y la ciudad los beneficie con la “City Credit Cards”,
canjeable para viajar en transporte público, acceder a recreaciones en parques,
bibliotecas, educación y otros servicios.
La gama de
posibilidades es tan amplia como la imaginación sea posible. De hecho, el
trueque puede ser un buen trampolín para penetrar en el mercado si se carece de
experiencia laboral o en la producción. Es una buena oportunidad para los profesionales
novicios y para los que egresan de las escuelas técnicas, que pueden
incursionar en sus actividades sin morir en el intento.
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