miércoles, 14 de agosto de 2013

Trueque: lo vetusto se hace actual

El intercambio directo de bienes y servicios, sin mediar la intervención del dinero es la forma de comercio más antigua de la historia.
El pueblo que la hizo costumbre en su modo de comerciar -Fenicia- se enriqueció gracias a su extraordinaria capacidad para las manufacturas, que las canjeaban por esclavos, metales preciosos y materias primas.
Algunas personas creen que trocar, es asunto de pobres. Sin embargo, como se explícita más arriba, el pueblo más rico de la antigüedad usaba regularmente esta acción para beneficiarse del comercio con las civilizaciones contemporáneas.
El trueque tiene los siguientes fundamentos:
1 Cada individuo es un agente de comercio
2 Los bienes y servicios que oferta son de manufactura propia
3 El intercambio es directo, esto significa, que no existen intermediarios
4 La inflación no interviene
5 La equidad es la regla antes que la excepción
El paso del tiempo hizo su trabajo. Y el perfeccionamiento de esta acción de comercio llegó a nuestros días con el llamado “trueque multilateral”.
De acuerdo a ésta modalidad, el agente de trueque (que por otra parte, recibe el nombre de “Prosumidor”, palabra derivada de la fusión de “Productor” y Consumidor”) oferta y demanda mercancías en el interior de una estructura de conjunto: los llamados “club del trueque”.
Estos clubes proporcionan la idea de variedad y multiplicidad de artículos disponibles, ausente en otras formas de trueque. En la modalidad del trueque individual -popular en el mundo automotor-, su estilo se caracteriza por retribuir necesidades recíprocas de los participantes. Esta postura inflexible es lo que facilita, en parte, la mala fama de las transacciones porque el “Canje de Satisfacciones” debe ser coincidente; en otras palabras, los individuos atraídos deben estar de acuerdo en todo para concluir el negocio.
Esta experiencia se convierte en una angustiosa posibilidad. En lugar de eso, en el trueque multilateral, practicado en un club, el canje de satisfacciones es colectivo.
Por medio de un vale -ticket trueque- se hace efectivo el cambio de las mercancías entre los interesados, con la cotización asignada por cada prosumidor. Los vales tienen un importe escrito y con diferente valoración como ocurre con la moneda de curso legal, que se denominan “créditos”. Comportándose como una moneda propiamente dicha, la suma de los créditos alimenta las aspiraciones por artículos que serían inverosímiles de obtener en el mercado de otro modo, desde un corte de pelo hasta la torta de cumpleaños para el pariente o amigo...
Durante la depresión de los años 1999-2002 se amplió los rubros de intercambio llegando a brindarse servicios de psicología y control de la presión arterial a cambio de otros bienes y servicios. Un municipio, incluso, adaptado a las circunstancias, llegó al extremo de solicitar el pago de las tasas a través de créditos provenientes de los clubes de trueque.
Si se tuviera la ocasión de exponer una conclusión para cerrar este texto, se ensayaría muchas palabras que sonarían huecas. Lo mejor para cada caso es tener la evidencia.
Argentina es una nación experimentada en el uso del trueque como medio para la subsistencia. En la actualidad sigue funcionando la conspicua Red Global de Trueque (RGT). De hecho, las palabras “moneda social” es una idea argentina, utilizada en todo el mundo. No es casual que las crisis hayan alimentado la imaginación de los habitantes de estas tierras, un pueblo creativo como nos lo recuerdan desde el exterior.
La lucha por la vida es multiforme y no se agota con la obra maestra de Charles Darwin. El abanico es gigante y las oportunidades se multiplican a medida que nos expandimos desde el conocimiento práctico.
Existen experiencias fuera de Argentina que estimulan el credo: en un caso, Suiza posee a la WIR-Messen, una cooperativa con más de medio siglo de vigencia, y cuenta, hasta la fecha, con más de 1.000 inscriptos. Tiene una publicación donde se muestra como catálogo, los artículos disponibles y sus productores. Su sede está en Zürich, pero dispone de filiales en Berna, Lenzburg y otras ciudades.
En otro caso, EUA a introducido el trueque como subsistencia para las comunidades de jubilados en Miami y New York. Se trata de un sistema en el que un voluntario inscripto, ofrece servicios a la comunidad y los canjea por servicios para su propio bienestar, todo esto centralizado en un registro contable de las horas trabajadas. También surgió la idea, en otras ciudades, de que sus desocupados puedan brindar su trabajo y la ciudad los beneficie con la “City Credit Cards”, canjeable para viajar en transporte público, acceder a recreaciones en parques, bibliotecas, educación y otros servicios.
La gama de posibilidades es tan amplia como la imaginación sea posible. De hecho, el trueque puede ser un buen trampolín para penetrar en el mercado si se carece de experiencia laboral o en la producción. Es una buena oportunidad para los profesionales novicios y para los que egresan de las escuelas técnicas, que pueden incursionar en sus actividades sin morir en el intento.

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