viernes, 10 de enero de 2014

La nación que se hizo imperio

El territorio de América del Norte fue uno de los importantes escenarios que Luis XIV disputó a Inglaterra en la lucha por la supremacía colonial. A pesar de que fueron los españoles los primeros en llegar a esta zona, para nadie es desconocido que los franceses y los ingleses la habitaron y colonizaron.
Después de los viajes colombinos, sólo un puñado de españoles partió a la conquista de las tierras del norte, mientras que el grueso de los conquistadores concentraba su atención de México hacia el sur. Juan Ponce de León descubrió en 1513 la península de la Florida, mientras que Pánfilo de Narváez y Alvar Nuñez Cabeza de Vaca recorrieron las costas de la actual Texas, para internarse luego en el territorio.
Sin embargo, fueron expediciones organizadas por la Corona inglesa, y posteriormente por la francesa, las que realmente colonizaron el lugar. De este modo, en 1496, Enrique VII aceptó los servicios de Juan Caboto, quién llegó hasta la península de El Labrador. Tras bordear Terranova, volvió a Inglaterra. El hijo de este navegante veneciano, Sebastián Caboto, volvió en 1498 para encontrar el camino a la India por el norte, llegando a lo que con posterioridad se conocerá como Nueva Inglaterra. A la muerte de Enrique VII, Sebastián Caboto entró al servicio de España.
El deseo de expansión de Inglaterra puede entenderse a partir de la pérdida de sus posesiones en Francia. Pretendiendo equilibrar el balance de los territorios de ultramar, Inglaterra intentaba con estas acciones lograr el debilitamiento de la preponderancia española. Los planes ingleses comenzaron a ser implementados durante el reinado de los Tudor. A su cumplimiento contribuyeron las querellas religiosas que sacudían en aquellos momentos a Europa y que colocaron a Inglaterra como el paladín de los intereses protestantes. Isabel I construyó, con el objeto de conquistar y posteriormente mantener sus posesiones americanas, una poderosa flota para defender los territorios adquiridos y mantener alejado de sus costas europeas el peligro continental. La derrota de la "Invencible Armada" en 1588 señaló el punto de partida de la expansión transatlántica inglesa, en perjuicio de los dos países ibéricos, patria de los primeros adelantados en América.
Una de las primeras cartas de libre asentamiento en América fue la otorgada por la reina al corsario Walter Raleigh, quién ejerció su derecho sobre Virginia. En todo caso, los ingleses fracasaron en su empresa de establecerse definitivamente como primera colonia, regresando a Inglaterra.
Las colonizaciones inglesas pasaron a ser regulares bajo el reinado de los Estuardo, teniendo como base dos sociedades particulares: la London Company y la Plymouth Company. Las primeras expediciones a Virginia, en el año 1607, desengañaron a sus integrantes, quienes esperaban encontrar enormes riquezas, principalmente en metales preciosos.
En 1619, con los auspicios de sir George Yeardley, gobernador de la colonia, se constituyó una Asamblea legislativa que instauró en los nuevos dominios una forma parlamentaria de carácter moderno, la primera de América. Virginia estaba regida de distinto modo al de las colonias de Nueva Plymouth, en las cercanías de la bahía de Massachusetts, que más tarde constituyeron Nueva Inglaterra. El principal objetivo en ambas zonas, en todo caso, era común: de orden espiritual y religioso, teniendo como premisa fundamental la libertad absoluta. La religión practicada por los inmigrantes fue la calvinista, en su forma puritana. La persecución de esta doctrina en Inglaterra, decretada por Jacobo I, determinó el abandono de la patria por parte de sus seguidores, quienes zarparon a bordo del Mayflower, estableciéndose en las cercanías de Virginia en 1620. Los perseguidos continuaron llegando a las costas norteamericanas por razones religiosas, y en 1630 se fundó la ciudad de Boston. Estos "peregrinos" profesaban un puritanismo intransigente y estaban decididos a crear un estado eclesiástico. El surgimiento de ciertas desavenencias hicieron que un grupo de colonizadores, dirigidos por el joven sacerdote Roger Williams, abandonara Massachusetts y fundara Rhode Island en 1636. Razones similares llevaron, en el mismo año, a la fundación de varias ciudades en el valle de Connecticut, cerca de los otros asentamientos fundados por los holandeses. Estos últimos habían llegado a la desembocadura del río Hudson en 1612 y habían fundado la factoría de Nueva Amsterdam (1626), en la isla de Manhattan.
En síntesis, los británicos fundaron en 80 años doce colonias. A estas se sumó Georgia en 1632, y este número fue el que conservaron hasta su emancipación.


Fuente: Historia Universal. Diario The Times. 1989.

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