Es bien sabido que las estructuras políticas suelen ser determinantes a la hora de organizar el trabajo de los gobiernos para fines específicos. La conquista de Las Malvinas no fue reservada para aventureros...
Hasta 1833, el Reino Unido había intentado -en vano- obtener de Las Malvinas una cabecera de playa que le permitiera el control del estrecho que conecta los dos océanos gigantes: el Atlántico y el Pacífico.
Lo consiguió una vez lograda la independencia de España por parte de Argentina. O lo que hoy se conoce como Argentina...
En 1833, Argentina no estaba organizada como un territorio único. En la práctica, el gobierno de la Provincia de Buenos Aires se había reservado los asuntos externos de las primitivas Provincias Unidas del Río de la Plata. Por lo tanto, había una acumulación de ineficiencias aparejadas por la ausencia de especialización de algunos departamentos o dependencias del gobierno de Buenos Aires.
También existió factores accesorios a los anteriores: durante el proceso emancipador, nuestros territorios quedaron desintegrados económicamente. Y este sería un elemento que le negaría muchas iniciativas importantes a los gobiernos.
A la desintegración económica, se le adicionaba la carencia de capitales destinados a las industrias. En fin, todo lo que se puede esperar de un caos posterior a una independencia.
Estos resultados se vieron favorecidos de modo eficiente por el interés que los ingleses tenían en llenar el vacio que dejaba España.
Para el Reino Unido, las antiguas colonias representaban una oportunidad de negocios, y secundariamente, la ocasión de adquirir nuevas posesiones territoriales.
Como consecuencia de los pactos de amistad con el Reino Unido, celebrado por su agente acantonado en Buenos Aires -Bernardino Rivadavia- se le abrieron las puertas a los negocios y al espionaje del más alto nivel.
Las intenciones de Gran Bretaña era obtener una división fronteriza a cada lado del Río de la Plata. Lo consigue luego de 1828 cuando se firma un armisticio entre las fuerzas de Buenos Aires y las de Brasil, en guerra por la posesión del territorio de la actual Uruguay.
Los británicos pueden ahora navegar con rumbo sur sin problemas. Y este sería el factor decisivo que echará la suerte de Las Malvinas.
Las especulaciones sólo tienen lugar en las hipótesis. Se discutirá mucho y, tal vez, hasta se llegue a una conclusión general sobre lo acontecido.
Pero lo cierto es que, si se quiere entregarse a las especulaciones, hay una pregunta que debería formularse cualquier argentino: ¿Por qué el Reino Unido presenta a la Argentina como una nación separada de la patagonia -por lo menos en los señalamientos y referencias cartográficas-? ¿A caso hay una segunda oleada de conquista que en una ocasión propicia puede generar un incidente que determine a los ingleses la excusa de la seguridad del Atlántico Sur para sus efectos?
Todo indica que la actual estación aeronaval de Las Malvinas no podría haber sido construida sin la justificación de guardar vidas y propiedades británicas. Y ese fundamento se lo ofreció una Argentina supuestamente organizada...
Solo queda reflexionar cada vez que vamos a las urnas lo que realmente queremos como nación. Mirar Las Malvinas es interrogarnos en todo momento y en todo lugar, si hacemos lo suficiente para que Argentina tenga la seguridad de que el Atlántico Sur siga siendo celeste y blanco por mucho años más...
Nuestro oponente es poderoso, no por las armas, sino por su actitud ante la realidad, que les ofrece enormes ventajas cuando realizan sus maniobras políticas y crean los "teatros de operaciones".
Nuestro rumbo debe ser la siguiente síntesis: si los ingleses están inquietos es que realmente estamos haciendo las cosas bien. Y ese espejo es el que debemos mirar más a menudo y con la misma frecuencia que el espejo que se encuentra en el seno de nuestro hogar.
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