sábado, 31 de mayo de 2014

¿Cómo ganaron la Copa del Mundo?

Desde la última disputa de la Copa Jules Rimet, durante el 9° Certamen México ’70 hasta el 19° Campeonato Mundial en Sudáfrica 2010, existieron un conjunto de condicionantes que fueron propiedad exclusiva de los que levantaron finalmente la Copa más importante del deporte mundial.

Siempre existió el interés de conocer los aspectos que escondían las escuadras nacionales de fútbol luego de levantar la Copa del Mundo. El paso del tiempo dejaba ver lo que les aseguró el triunfo. Algunos medios de prensa, y periodistas senior, recuerdan la particularidad que la escuadra brasileña había expresado como nota innovadora al involucrar en el trabajo profesional a un psicólogo, llamado Joao de Carvalhe, cuando ese equipo se hizo por primera vez con la Copa Jules Rimet, durante el certamen celebrado en Suecia, 1958. O más recientemente, como influyó en la escuadra española las pruebas experimentadas con un boxeador para mejorar los aspectos aeróbicos en las sesiones de entrenamiento. Pero, hay algo más.

Durante los últimos cuarenta años, el fútbol sufrió una crisis de crecimiento que obligaba a comenzar todo de nuevo después de cada campeonato mundial. Las idas y vueltas tenían la intervención de los dueños del dinero que frenaban sospechosamente algunas decisiones de reforma por parte de la cúpula de la FIFA. Entre 1970 y 2010, tres decisiones trascendentales actualizaron el reglamento como contestación a esa ansiedad en los medios futbolísticos y en la opinión pública.

En el duelo de las escuadras futbolísticas de 1970, se introdujo, por primera vez, la transparencia en las penalidades disciplinarias para los jugadores que se apartaban y transgredían el reglamento. Finalizado el campeonato disputado en la península itálica, la FIFA aprobó la prohibición de que los guardametas tomaran la pelota con la mano si recibían el servicio con el pie deliberadamente de parte de un compañero. Y en la última competencia del siglo pasado, se modificó el fuera de juego.

Más allá de las expectativas de coyuntura que despierta una rectificación propuesta por el organismo madre del fútbol mundial, los invito a sumergirnos en el cariz de la religión que no tiene ateos, como dice Eduardo Galeano, para abrirnos a una dimensión que puede ser medida.

La esperanza, en siete factores

“Muchas menos oportunidades de victoria tendrá aquel que no realiza cálculos en absoluto”, nos advierte como lección El Arte de la Guerra, de Sun Tzu. Un primer vistazo nos alienta a creer que nada es fruto de la casualidad, palabra que, para mí, está incluido en el diccionario con el fin de explicar lo inexplicable. En el presente, podemos observar en retrospectiva lo que significó tomar en serio cada paso, cada iniciativa, cada persona.

Para el entrenador campeón del mundo, cada figura, materialidad y matiz, cuenta. No sorprende, entonces, que cuando se examina a los ganadores en búsqueda de una explicación racional, el hallazgo de notas especialmente curiosas, emergen a la superficie:

1.     Factor Ambiente. La sola presencia de la competencia, obliga a los equipos a poner a prueba toda su capacidad de imaginación, y a consultar a otros protagonistas del oficio, la estrategia que pueda adaptarse a la velocidad de modernización que expone el escenario del fútbol, poniéndose un paso adelante de sus rivales.

2.     Factor Humano. No hay margen para solicitar nada menos que la más alta calidad técnica de un futbolista, con credenciales de amor por el juego, de solidaridad por el equipo y de adaptación al ambiente y condiciones, cuidado de la salud por el otro, y con un buen compañerismo capaz de reunirse con el conjunto y ser todos como un solo individuo.

3.     Factor Técnico. La elaboración del juego, su volumen y calidad, es atribución de los miembros del cuerpo de entrenadores, que deben brindarles herramientas tácticas a sus dirigidos, trazando acciones innovadoras defensivas y de ataque que consiga sobrepasar a sus contrincantes.

4.     Factor Nacional. Este puede convertirse en el elemento que despierta mayor controversia pero lo cierto es que las escuadras ganadoras involucraban a las 3/4 partes de futbolistas que desempeñaban la actividad en sus ligas nacionales, lo que revela que la complicidad de juego entre sus integrantes no es patrimonio de la diáspora.

5.     Factor Economía de Fuerza. La planificación de los encuentros se prueban en los entrenamientos con el objeto de ejecutar las acciones de menor a mayor, durante su desarrollo, y respetando este principio de un partido a otro, calibrando los tiempos sin puntos que puedan traer problemas o imprevistos.

6.     Factor Sorpresa. Esta causa, se convierte en un coeficiente puesto que la combinación de los anteriores factores y el presente, consigue como resultado operaciones que no estaban en los cálculos de sus rivales, haciendo problemática su supervivencia en el juego y contribuyendo a una crisis difícil de superar.

7.     Factor Perseverancia. La fortaleza de espíritu y de carácter no puede ser tomado con superficialidad, toda vez que es la reserva moral de un conjunto deportivo, necesario para reponerse de un traspié, de una crisis, o de la carencia de ideas que pueden darse en un pasaje del encuentro, o de sostener un resultado donde no sobra nada.

La exposición de estos factores, que podemos llamar de victoria, no puede inducir al lector a suponer que no existan otros. O que ganar una Copa del Mundo es cosa de científicos. Todo lo contrario: la idea es proponer a todos una explicación, un elemento que nos haga conocer el componente que inunda el pensamiento de la mente ganadora. Es, incluso, una lección que puede servirnos como personas, en la organización de nuestras tareas comunes de todos los días. Imaginen, por un momento, que sería del fútbol si no existiera un modo de entender el éxito de los campeones. Simplemente, son seres humanos, individuos no salidos de un OVNI, o como se dijo alguna vez, devenidos en un “barrilete cósmico”.

El fútbol, pese a que una parte de la opinión pública crea que es una religión con divinidades, como lo describió con maestría la pluma de Galeano, es una actividad humana. Una de las tantas actividades desempeñadas por gente de carne y hueso, que es especial por un factor no divulgado antes en estas líneas: ser el recreo y diversión, de ricos y pobres por igual... 

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