Desde
la última disputa de la Copa Jules Rimet, durante el 9° Certamen México ’70
hasta el 19° Campeonato Mundial en Sudáfrica 2010, existieron un conjunto de
condicionantes que fueron propiedad exclusiva de los que levantaron finalmente
la Copa más importante del deporte mundial.
Siempre existió el interés
de conocer los aspectos que escondían las escuadras nacionales de fútbol luego
de levantar la Copa del Mundo. El paso del tiempo dejaba ver lo que les aseguró
el triunfo. Algunos medios de prensa, y periodistas senior, recuerdan la
particularidad que la escuadra brasileña había expresado como nota innovadora
al involucrar en el trabajo profesional a un psicólogo, llamado Joao de
Carvalhe, cuando ese equipo se hizo por primera vez con la Copa Jules Rimet,
durante el certamen celebrado en Suecia, 1958. O más recientemente, como
influyó en la escuadra española las pruebas experimentadas con un boxeador para
mejorar los aspectos aeróbicos en las sesiones de entrenamiento. Pero, hay algo
más.
Durante los últimos cuarenta
años, el fútbol sufrió una crisis de crecimiento que obligaba a comenzar todo
de nuevo después de cada campeonato mundial. Las idas y vueltas tenían la
intervención de los dueños del dinero que frenaban sospechosamente algunas
decisiones de reforma por parte de la cúpula de la FIFA. Entre 1970 y 2010,
tres decisiones trascendentales actualizaron el reglamento como contestación a
esa ansiedad en los medios futbolísticos y en la opinión pública.
En el duelo de las escuadras
futbolísticas de 1970, se introdujo, por primera vez, la transparencia en las
penalidades disciplinarias para los jugadores que se apartaban y transgredían
el reglamento. Finalizado el campeonato disputado en la península itálica, la
FIFA aprobó la prohibición de que los guardametas tomaran la pelota con la mano
si recibían el servicio con el pie deliberadamente de parte de un compañero. Y
en la última competencia del siglo pasado, se modificó el fuera de juego.
Más allá de las expectativas
de coyuntura que despierta una rectificación propuesta por el organismo madre
del fútbol mundial, los invito a sumergirnos en el cariz de la religión que no
tiene ateos, como dice Eduardo Galeano, para abrirnos a una dimensión que puede
ser medida.
La
esperanza, en siete factores
“Muchas menos oportunidades
de victoria tendrá aquel que no realiza cálculos en absoluto”, nos advierte
como lección El Arte de la Guerra, de Sun Tzu. Un primer vistazo nos alienta a
creer que nada es fruto de la casualidad, palabra que, para mí, está incluido
en el diccionario con el fin de explicar lo inexplicable. En el presente,
podemos observar en retrospectiva lo que significó tomar en serio cada paso,
cada iniciativa, cada persona.
Para el entrenador campeón
del mundo, cada figura, materialidad y matiz, cuenta. No sorprende, entonces, que
cuando se examina a los ganadores en búsqueda de una explicación racional, el
hallazgo de notas especialmente curiosas, emergen a la superficie:
1.
Factor Ambiente. La sola presencia de la
competencia, obliga a los equipos a poner a prueba toda su capacidad de
imaginación, y a consultar a otros protagonistas del oficio, la estrategia que
pueda adaptarse a la velocidad de modernización que expone el escenario del
fútbol, poniéndose un paso adelante de sus rivales.
2.
Factor Humano. No hay margen para solicitar
nada menos que la más alta calidad técnica de un futbolista, con credenciales
de amor por el juego, de solidaridad por el equipo y de adaptación al ambiente
y condiciones, cuidado de la salud por el otro, y con un buen compañerismo
capaz de reunirse con el conjunto y ser todos como un solo individuo.
3.
Factor Técnico. La elaboración del juego, su
volumen y calidad, es atribución de los miembros del cuerpo de entrenadores,
que deben brindarles herramientas tácticas a sus dirigidos, trazando acciones
innovadoras defensivas y de ataque que consiga sobrepasar a sus contrincantes.
4.
Factor Nacional. Este puede convertirse en el
elemento que despierta mayor controversia pero lo cierto es que las escuadras
ganadoras involucraban a las 3/4 partes de futbolistas que desempeñaban la
actividad en sus ligas nacionales, lo que revela que la complicidad de juego entre sus integrantes no es patrimonio de la diáspora.
5.
Factor Economía de Fuerza. La planificación
de los encuentros se prueban en los entrenamientos con el objeto de ejecutar
las acciones de menor a mayor, durante su desarrollo, y respetando este principio
de un partido a otro, calibrando los tiempos sin puntos que puedan traer
problemas o imprevistos.
6.
Factor Sorpresa. Esta causa, se convierte en
un coeficiente puesto que la combinación de los anteriores factores y el presente,
consigue como resultado operaciones que no estaban en los cálculos de sus rivales,
haciendo problemática su supervivencia en el juego y contribuyendo a una crisis
difícil de superar.
7.
Factor Perseverancia. La fortaleza de
espíritu y de carácter no puede ser tomado con superficialidad, toda vez que es
la reserva moral de un conjunto deportivo, necesario para reponerse de un traspié,
de una crisis, o de la carencia de ideas que pueden darse en un pasaje del
encuentro, o de sostener un resultado donde no sobra nada.
La exposición de estos factores,
que podemos llamar de victoria, no puede inducir al lector a suponer que no existan
otros. O que ganar una Copa del Mundo es cosa de científicos. Todo lo
contrario: la idea es proponer a todos una explicación, un elemento que nos haga conocer el componente que inunda el pensamiento
de la mente ganadora. Es, incluso, una lección que puede
servirnos como personas, en la organización de nuestras tareas comunes de todos
los días. Imaginen, por un momento, que sería del fútbol si no existiera un
modo de entender el éxito de los campeones. Simplemente, son seres humanos,
individuos no salidos de un OVNI, o como se dijo alguna vez, devenidos en un “barrilete
cósmico”.
El fútbol, pese a que una
parte de la opinión pública crea que es una religión con divinidades, como lo
describió con maestría la pluma de Galeano, es una actividad humana. Una de las
tantas actividades desempeñadas por gente de carne y hueso, que es especial por
un factor no divulgado antes en estas líneas: ser el recreo y diversión, de
ricos y pobres por igual...
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