viernes, 14 de junio de 2013

El sistema que cambió al mundo


El transporte por ferrocarril es la solución que encontraron los ingleses para su comercio interno terrestre, contemporáneamente rico en manufacturas procedentes de la industria textil y de armas.
El Reino Unido emergió de las guerras napoleónicas como una superpotencia militar e industrial que disponía de recursos suficientes para conquistar las rutas comerciales marítimas y estrechar vínculos mercantiles en todos los continentes. Esta situación y el hecho de que el ferrocarril es, con mucho, un vehículo más veloz que las caravanas de tracción a sangre, redujo el tiempo de transporte en varias veces. Luego, se dieron cuenta que aumentando la potencia de tracción, incrementaban la capacidad en carga de transporte, haciendo más lucrativo el comercio y su distribución.
El movimiento de mercancías y hombres, por ferrocarril, hizo posible el nacimiento de un proceso de unificación de la economía mundial, que en cien años alimentó las más prominentes fortunas del siglo XX y XXI.

Los ferrocarriles del nunca jamás


Argentina es, después de EUA y Canadá, la nación que mayor influencia recibió para su desarrollo interno, la introducción del ferrocarril en el continente americano.
Escapando de la controversia que presenta uno u otro en cuanto a quién benefició la construcción de ferrocarriles en el país, evidentemente su utilidad como transporte y enlace de distancias lejanas, promovió una visión y un servicio que hoy, lejos de mostrar una realidad satisfactoria, está siendo objeto de discusiones apasionadas por las características que refleja su estructura y organización.
Es indispensable, por lo tanto, la reconversión y puesta a punto de todas sus instalaciones y materiales rodantes disponibles para que, en el corto plazo, el futuro circule sobre rieles.

miércoles, 12 de junio de 2013

Carta de Juan José Valle a Aramburu


“Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido.
Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta.
Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes, escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.
Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.
La palabra ‘monstruos’ brota incontenida de cada argentino a cada paso que da.
Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos. Sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95% de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido.
Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.
Como cristiano me presento ante Dios, que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero que el pueblo conozca un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias en sangre. Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la patria.”

Juan José Valle. Buenos Aires, 12 de junio de 1956.

domingo, 2 de junio de 2013

28 años del mayor misterio de la historia policial argentina


El interno Miguel Cano recorre los 500 metros que separan el Pabellón 7 de la Casa Médica. Otro interno necesita ayuda urgente.
La Dra., en tanto, atiende el papeleo de una familia que viene a buscar a su pariente muerto en el Complejo Neuropsiquiátrico. Cuando termina, cumple la diligencia del Pabellón 7.
Transita el sendero iluminado con luz a mercurio ida y vuelta acompañada por Cano. Cuando llegan de nuevo a la Casa Médica, la Dra. le dice:
-“Andá tranquilo. Yo voy a descansar un rato”.
Luego, pasada la medianoche, un enfermero de apellido Novello habló al paso con la Dra. Novello le pregunta:
- “¿Alguna novedad?”
La Dra. responde:
- “Vengo del Pabellón 7. Atendí una urticaria gigante”.
Lo último que se supo es que estaba hablando con otro enfermero y que tuvo un entredicho con la supervisora Nélida Ojuez antes de retirarse a la Casa Médica. Posteriormente, nunca más se la vió.
Cecilia Enriqueta Giubileo se convertiría en la primera “desaparecida” desde los 18 meses del retorno a la democracia.
Su lugar de trabajo, el Instituto Neuropsiquiátrico Dr. Domingo Cabred de la localidad de Torres, Distrito Luján, nunca fue el mismo desde aquella madrugada del 17 de junio de 1985.
La denuncia fue radicada por su amiga personal, Beatriz Ehlinger, al día siguiente. El Departamento Judicial de Mercedes tomó la causa quince días más tarde. La carátula fué y nunca dejó de ser “Averiguación de Paradero”.

viernes, 17 de mayo de 2013

Adiós al tirano


Penitenciaria Marcos Paz. El otoño retrasó una hora el alba. El centinela recorre iluminado por la luz artificial el pabellón destinado a los criminales de lesa humanidad. A su paso hace el llamado de desvelo para que los reos comiencen su jornada. Todos menos uno atendió a su aviso. Abundado por la intriga de la anomalía, descubre tras la puerta a un sujeto inerte. Luego de su llegada, el médico dictaminó: muerto.
Podría ser el comienzo de un libreto para ser llevado al cine, pero se trata del deceso de un tirano, que en la cumbre de su vida ofreció sus servicios de militar a costo del Estado para beneficio de la muerte, del tormento, del hambre, del atraco, de esfumar personas y de la supresión de la identidad.
Su accionar significó el mayor ataque a la libertad, a la integridad de las personas y puso en riesgo la paz exterior de la Nación cuando, en 1978, pretendió reverenciar a Marte, el dios romano de la guerra, para dirimir las diferencias con Chile por la zona del Canal de Beagle.
Coordinando tras bastidores una crisis política para debilitar a la democracia recuperada en 1973, este antiguo alumno de la Escuela de Las Américas sedujo a las fuerzas reaccionarias instaladas en el gobierno federal para que le suministre los reglamentos e instrucciones de ley que le permitan fomentar un teatro de operaciones primario (que algunos calificaron como “globo de ensayo”), en la geografía del bosque subtropical del noroccidente nacional, la zona de resistencia popular más prominente contra los abusadores que se escudan en el derecho de administrar auspiciado por el capitalismo.
Los ejercicios de guerra, su cosquilleo personal, fue el soplo que emprendió contra el enemigo que surgía del desvarío y exponía a la luz pública su mediocridad profesional, sus nulos escrúpulos y la sed de probar la sangre de sus perseguidos.
Implantó el Estado Pistolero, donde la razón fue encarcelada y la libertad cambiada por la angustia. La economía fue atacada por el pillaje y su balance falsificado.
Sus últimas palabras, conocidas por la opinión pública el 14 de mayo, enumeró excusas, repudió al tribunal que lo juzgaba por el expediente “Plan Cóndor” y se autodeclaró preso político. Adiós tirano.

jueves, 16 de mayo de 2013

Buenos Aires, ciudad autónoma...


Buenos Aires. Las autoridades del Poder Ejecutivo de la Ciudad comenzaron a andar el camino de la ilegalidad constitucional, rubricando sus miembros una de las más explícitas notas de unitarismo escritas al que gobierno alguno haya declarado jamás en la historia moderna argentina.
Apremiando a la Legislatura, el decreto de necesidad y urgencia que debe considerar por ser su atributo, enuncia los supuestos mediante los cuales se conducirá este territorio de la Nación en materia de actividad periodística.
Proclamado bajo el título de “Régimen de Defensa de la Libertad de Expresión”, despabiló a los más encumbrados expertos nativos del Derecho Constitucional, que resaltaron la liviandad de la reglamentación propuesta.
Los antecedentes de una autonomía tan extrema son anteriores a 1859, cuando la Provincia de Buenos Aires se sumó a la Gran Empresa Nacional después de su enojosa secesión motivada por el rechazo a las iniciativas de unión nacional fomentadas por el finado Urquiza, en 1852.
Sin confrontar en otros aspectos especializados del Derecho, el avasallamiento a la Constitución Nacional que evidencia la normativa sugiere que el Estado Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires está ejerciendo el poder delegado a la Nación, el manifiesto preventivo que expresamente prohíbe el artículo 126 de nuestra Ley Suprema (“Las provincias no ejercen el poder delegado a la Nación”) porque la misma decreta, en otro pasaje, que “El Congreso Federal no dictará leyes que restrinjan la libertad de imprenta o establezcan sobre ella la jurisdicción federal” admitiendo, de este modo, que la prensa es materia exclusiva del poder delegado a la Nación.
Con todo, el Poder Ejecutivo de la Ciudad no se siente intimidado por los cuestionamientos y emprende sus actuaciones sobre la cornisa de una falsa valentía sin entrever que su acción puede crear una crisis institucional de incalculables consecuencias, por lo que sugiere y evoca.
La literatura especializada tendrá desde hoy, un capítulo más para discutir sobre cómo deben desplegar los gobiernos sus respectivos teatros de operaciones.

miércoles, 8 de mayo de 2013

El ocaso de una polémica


Buenos Aires. Hoy, en el atardecer argentino, el Congreso de la Nación aprobó la enmienda que reglamenta cómo funcionará el nuevo Consejo de la Magistratura, el cuerpo colegiado que selecciona a los magistrados para ocupar los tribunales federales y administra el Poder Judicial.
El proyecto promocionado por el Poder Ejecutivo Nacional (PEN), que desde su ingreso en la mesa de entrada del Congreso hasta su sanción definitiva, fue tramitado en medio de una profunda oposición de los partidos políticos disidentes a la conducción de la Casa Rosada, de muchos colegios de abogados y de la cúpula de la Asociación de Magistrados de la República Argentina.
El Senado fue el primero en tratar la normativa, que tenía como elemento original la elección popular de los consejeros y engrosar el número de sus miembros. También, promovía cambios que afectaban lo cotidiano de las estructuras administrativas de los tribunales.
Esto último, daría principio a una reformulación que presentaría la Cámara de Diputados cuando le tocó el turno en el visto del proyecto, luego del consentimiento expresado por los senadores al deseo del PEN.
Finalmente, y con la vuelta al Senado del proyecto, los arreglos apuntados por los diputados fueron debatidos y aprobados con la mayoría establecida por la Constitución para cualquier legalidad que afecte al Consejo de la Magistratura. Ahora, la Casa Rosada tiene que dar, esta vez, el visto para su promulgación.