La primera central sindical
La proliferación de sindicatos, que luego de la huelga de tipógrafos se hiciera visible como un frente de resistencia contra los abusos de los dirigentes de compañías, llevó a la idea de aunar esfuerzos.
Esta iniciativa
fue combinada porque anarquistas y socialistas convergieron para este fin. Por
eso, el 29 de junio de 1890 se forma la Federación de Trabajadores de la Región
Argentina, la primera central obrera.
Los
socialistas y anarquistas esperaban aumentar la fuerza de las reivindicaciones
porque los comerciantes industriales y propietarios rurales ya estaban
organizados y nucleados en centrales empresariales (la Sociedad Rural Argentina
se fundó en 1866 y la Unión Industrial Argentina apareció en 1887).
Los
sindicatos pusieron a prueba su acción coordinada el 1 de mayo de 1890. Ese
día, celebrarían la denominada “Fiesta del Trabajo”, en las ciudades de
Buenos Aires, Rosario, Bahía Blanca y Chivilcoy, con un propósito: hacer
público los reclamos que venían acumulándose año tras año y que los sórdidos
patrones reusaban aceptar.
Sus planteos
fueron: 1) Jornada de ocho horas; 2) Prohibición del trabajo de los menores de
14 años; 3) Abolición del trabajo nocturno, con excepción de las industrias que
no lo permitan; 4) Prohibición del trabajo para la mujer cuya naturaleza afecte
su salud; 5) Abolición del trabajo nocturno para mujeres y menores de 18 años;
6) Descanso no interrumpido para todos los trabajadores de 36 horas semanales;
7) Prohibición de trabajos y sistemas de fabricación perjudiciales para la salud;
8) Prohibición del trabajo a destajo o por subasta; 9) Inspección de los
talleres y fábricas por delegados remunerados por el Estado; 10) Inspección
sanitaria de las habitaciones, vigilancia sobre la fabricación y venta de
bebidas y alimentos, castigando a los falsificadores; 11) Seguro obligatorio
para los obreros contra los accidentes a cargo exclusivo de los empresarios y
el Estado; 12) Creación de tribunales integrados por obreros y patronos, para
la solución pronta y gratuita de los diferendos entre unos y otros.
Estas
propuestas fueron apoyadas y firmadas por 7.422 obreros. Sus dirigentes elaboraron
y elevaron un petitorio al Congreso con la intención de que sea tratado como
proyecto de ley de protección de la clase obrera. Nunca fue tratado.
Frente a la
creciente potencia de los comerciantes industriales, que se unieron para
protegerse de la amenaza sindical, los trabajadores se vieron obligados adoptar
iguales medidas para que no creciera los abusos de los dueños de compañías.
Tener una
central obrera (pese a la corta vida que tendrá la Federación de Trabajadores
de la Región Argentina, desaparecida en 1892) les permitió ver los beneficios
de la mancomunidad de los esfuerzos para luchar por sus reivindicaciones.
La
organización de la “Fiesta del Trabajo” fue el evento que convenció a los
dirigentes sindicales de la necesidad de contar con un organismo que los
coordinara y condujera.
Finalmente, el contexto país hizo posible que los trabajadores comprendieran que los cambios acelerados que se producían y que se avecinaban -hay que recordar las iniciativas en favor de la venida de los capitales británicos, el impulso de los transportes ferroviarios, la inserción de la Argentina en los mercados mundiales- juntamente con la crisis bancaria de 1890, abonara la raíz sindical de las luchas sociales, a la vez que alentaron a nuevos movimientos que comenzarán a observarse pocos años después.
Finalmente, el contexto país hizo posible que los trabajadores comprendieran que los cambios acelerados que se producían y que se avecinaban -hay que recordar las iniciativas en favor de la venida de los capitales británicos, el impulso de los transportes ferroviarios, la inserción de la Argentina en los mercados mundiales- juntamente con la crisis bancaria de 1890, abonara la raíz sindical de las luchas sociales, a la vez que alentaron a nuevos movimientos que comenzarán a observarse pocos años después.
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